El golpe, sin embargo, parece inevitable por la magnitud del fenómeno climático. Las simulaciones de la Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG), por ejemplo, calculan que con un evento fuerte el comercio en Guayaquil podría sufrir una afectación de entre 256 y 920 millones de dólares en 12 meses. El monto dependerá de la gravedad de las lluvias.
Las cifras de la Cámara no miden los daños, sino las ventas que se dejarían de concretar.
Aunque los rangos de su simulación son muy amplios, el gremio estima que en un escenario moderado, la caída podría ser de 181 y 654 millones de dólares. Mientras que si el fenómeno alcanza una intensidad fuerte, la caída podría ser de entre 256 y 920 millones de dólares. Lo que equivale a una reducción de entre el 0,36% y e 1,3% de las ventas totales de Guayaquil, que en 2025 fueron de 70.097 millones de dólares.
Previsiones climáticas
Ese escenario fuerte parece hoy el más probable. El último informe del Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen), del 22 de octubre de 2026, recoge que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad superior al 83% de condiciones fuertes a muy fuertes hasta el periodo de enero a marzo de 2027.
El comité aclara que esa perspectiva no determina por sí sola la magnitud de las lluvias en Ecuador, pero advierte que el fenómeno se acerca a su fase de mayor intensidad hacia finales de 2026, en plena transición a la estación lluviosa.
Un hombre camina frente a locales cerrados en una calle anegada del norte de Guayaquil, por las lluvias de El Niño, el 26 de octubre de 2026. Foto: API
Los negocios que no se inundan también pierden
Para la CCG, el impacto económico va mucho más allá de los locales que quedan bajo el agua, debido a que las lluvias alteran la rutina de toda la cadena comercial. “Cuando las vías se encuentran anegadas, los consumidores reducen sus desplazamientos, los trabajadores tienen dificultades para llegar y los proveedores enfrentan retrasos en las entregas”, explica la Cámara de Comercio de Guayaquil.
Eso significa que un negocio puede vender menos aunque sus instalaciones no sufran ningún daño. Algunas compras solo se postergan, pero otras se pierden de forma definitiva, sobre todo en restaurantes, servicios y actividades que dependen del consumo diario.
Durante los días de lluvia intensa, los ciudadanos también tienden a quedarse en casa y optar por entregas a domicilio o compras por internet. Sin embargo, la Cámara advierte que los problemas de movilidad afectan igualmente a los servicios de entrega, por lo que el comercio electrónico no siempre compensa lo que dejan de vender los locales físicos.
Pequeños comercios, restaurantes y mercados, los más expuestos
Los pequeños comercios son los más vulnerables porque suelen tener menos reservas de dinero para soportar una paralización y reemplazar la mercadería dañada. Restaurantes, mercados y negocios de alimentos también están en riesgo por la pérdida de productos perecibles y porque dependen de lo que venden cada día. Los centros comerciales cuentan con mejores sistemas de protección, aunque también reciben menos visitantes cuando la ciudad se inunda.
A las ventas perdidas se suman otros gastos: mercadería dañada, reparaciones, reposición de equipos, limpieza y mantenimiento. Para el gremio, el principal problema es la falta de liquidez. “Un negocio puede dejar de generar ingresos durante varios días, pero sus obligaciones de arriendo, salarios, créditos y proveedores siguen vigentes”, señala la entidad.
La recuperación tampoco es inmediata. Un local con daños menores puede volver a operar en uno o dos días, pero los que deben reponer inventario, reparar instalaciones eléctricas o recuperar equipos pueden necesitar varias semanas. Y, según la Cámara, reabrir no significa recuperar de inmediato las ventas habituales.
Camarón, banano y pesca industrial también estarían en riesgo
El análisis de la CCG identifica riesgos en las cadenas productivas vinculadas con la ciudad. En un escenario fuerte, las menores ventas potenciales equivaldrían a entre 9,17% y 10,60% de las ventas de pescado industrial, entre 2,94% y 6,87% de las de camarón, y entre 2,45% y 6,26% de las de banano y plátano.
La Cámara reconoce que aún no cuenta con una medición que permita saber cuánto caen las ventas en un día de lluvia intensa frente a una jornada normal, porque depende de la fuerza de las precipitaciones, la ubicación del negocio y la duración de las interrupciones. Tampoco tiene un registro consolidado de locales que hayan cerrado temporalmente o que no hayan podido reabrir, aunque considera necesario identificar esos casos entre los pequeños comerciantes para evitar cierres permanentes.
¿Qué propone la Cámara de Comercio?
La principal prioridad, según el gremio, es la prevención: fortalecer los sistemas de drenaje, mantener limpios los canales y el alcantarillado, mejorar la evacuación de aguas lluvias e intervenir a tiempo en los sectores que se inundan con frecuencia. También plantea contar con sistemas de alerta que permitan anticipar las afectaciones y facilitar la movilidad de trabajadores, clientes y proveedores.
A los negocios les corresponde preparar planes de contingencia, proteger inventarios y equipos, y contratar seguros. Pero para los pequeños comerciantes persisten barreras como los requisitos para acceder a créditos, el costo de las pólizas y la falta de recursos inmediatos. Por eso, la CCG propone líneas de financiamiento de emergencia, reestructuración de deudas y seguros más accesibles.
Para la Cámara, la prevención también es una inversión en competitividad, ya que cada interrupción golpea las ventas y el empleo de la ciudad. “El objetivo debe ser proteger la continuidad de los negocios y evitar que una afectación temporal termine convirtiéndose en un cierre definitivo”, concluye el gremio.