Estos dos últimos años han sido realmente interesantes para la exportación de productos ecuatorianos al extranjero: celebramos, con razón, las exportaciones de camarón, cacao, banano, flores, y una serie de bienes que producimos debido a nuestra ubicación, geografía, clima y el arduo trabajo de miles de ecuatorianos, esto ha sido profusamente reseñado en múltiples plataformas. ¿Pero dónde queda el turismo? ¿Por qué seguimos tratándolo como el patito feo de la economía ecuatoriana?
Diseccionemos entonces el aporte del turismo a la economía según los datos estadísticos que tenemos disponibles:
- El turismo ocupa el primer lugar en la exportación de servicios del país, y el cuarto lugar en las exportaciones no petroleras. En el año 2025 aportó 1.945 millones de dólares en divisas dejadas por extranjeros visitando el país, un 8,6% más que en 2024. Es una exportación que se consume aquí, el visitante viene a comprar y vivir experiencias y deja ingresos entre quienes lo reciben. En una economía dolarizada, no es poca cosa.
- Las ventas totales del sector turístico en la economía del Ecuador, incluyendo el turismo interno de ecuatorianos viajando dentro del país y los gastos de alimentación, alojamiento operación y transporte generados en el Ecuador alcanzan siete mil millones de dólares (¡sí, 7.000 millones!), 10% más que el año precedente. Esta facturación muestra la dimensión de los negocios vinculados al sector y su consumo.
- El empleo ofrece otra medida: según el INEC, alojamiento y servicios de comidas ocuparon a cerca de 550.000 personas en 2025. Detrás de ese número hay cocineras, recepcionistas, emprendedores y familias. Para ellos, el turismo es una posibilidad concreta de vivir de su trabajo en el lugar al que pertenecen.
Con semejante peso económico, la presencia del turismo en el debate nacional resulta insuficiente. Hablamos del sector durante los feriados o cuando una crisis golpea sus destinos.
Necesitamos discutirlo también en los espacios donde se deciden inversiones, conectividad, seguridad, incentivos y prioridades de desarrollo. Necesitamos discutirlo también en los espacios donde se deciden inversiones, conectividad, seguridad, incentivos y prioridades de desarrollo.
Existen herramientas macro: por primera vez el Plan Nacional de Desarrollo del país considera al turismo dentro de sus metas y establece que para 2029, se recibirán en el Ecuador más de 3 millones de visitantes y las divisas se incrementarán a 3.105 millones.
Nos peguntamos porqué a los países vecinos les ha ido mejor en materia de turismo. La respuesta exige mirar la continuidad de sus estrategias de promoción, los montos invertidos en posicionar al país, la articulación empresarial y la capacidad de convertir atractivos en productos que se puedan comprar. Una campaña aislada difícilmente reemplaza años de trabajo.
Ecuador cuenta ahora con un Fondo de Desarrollo Turístico financiado. Es una oportunidad para sostener la promoción y mejorar la competitividad. Su ejecución debe responder a mercados definidos, productos concretos y resultados verificables: visitantes, estadías, gasto y oportunidades para los territorios.
El dinero necesita una estrategia y la estrategia, continuidad. El dinero necesita una estrategia y la estrategia, continuidad.
El danés Hans Chistian Andersen escribió la fábula del Patito Feo en 1843, la que gira en torno a la identidad, la aceptación personal y la superación de adversidades, en el cuento, el patito feo descubre que siempre fue un cisne. Nuestro turismo tampoco necesita esperar a convertirse en algo valioso: ¡Ya lo es! Genera ingresos y sostiene familias. Le corresponde al Estado, a las empresas y a los medios reconocer esa dimensión y actuar en consecuencia. El cisne ya está aquí, es potente, bello; falta darle espacio en nuestras decisiones.