Una polémica literaria llega a su fin. Por medio de una publicación en redes sociales, la editorial mexicana Almadía anunció el resultado de sus investigaciones sobre la novela 'Donde el agua trabaja', de David Silva Rojas, ganadora del primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat: la obra no fue escrita con la ayuda de una Inteligencia Artificial.
Lo que la editorial dice sobre la novela de David Silva Rojas
En un comunicado, firmado por Editorial Almadía, Sociedad Ventosa-Arrufat y las jurados, Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda, los organizadores del premio confirmaron el fallo y reiteraron la confianza en David Silva Rojas. Además explicaron cómo fue el proceso de investigación que realizaron luego de que el viernes 23 de octubre de 2026, un reportaje de Jordi Pérez Colomé, Elizabeth Duval y Kiko Llaneras para diario El País, acusara que la novela de Silva Rojas, 'Donde el agua trabaja', de haber sido escrita por una Inteligencia Artificial en un 99%, "según el detector Pangram".
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"La revisión se llevó a cabo a partir de los materiales aportados por el autor sobre el proceso de escritura de la novela. David mantuvo en todo momento una actitud abierta y disposición para colaborar, atender las preguntas de la editorial y aportar la información solicitada. Almadía fundamentó su juicio en criterios humanos, a partir del conjunto de la información examinada, su relación con la obra y las distintas conversaciones sostenidas con tecnólogos, abogados y peritos lingüísticos durante el proceso", reza el comunicado.
La editorial, además, respaldó la decisión del jurado del concurso: "El fallo de Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda fue una decisión literaria, tomada a partir de la lectura de las obras que concursaron. Respaldamos ese fallo y reafirmamos la independencia del criterio de las integrantes del jurado".
El pedido de disculpas al medio
En un punto del comunicado, la editorial reflexiona el trabajo periodístico detrás de la nota que levantó la polémica: "La cobertura de este caso en uno de los periódicos de mayor alcance en lengua española nos lleva a reflexionar sobre el poder de las palabras y la responsabilidad de quienes las pronunciamos".
Una de las críticas de las que se hicieron eco varias personas se centraba en que la nota de Llaneras, Duval y Pérez Colomé se sostenía por la información obtenida por una sola fuente: un detector de escritura de IA, sin siquiera contrastar con el autor de la novela el resultado de Pangram. "A nuestro juicio, no siempre se distinguió con suficiente claridad entre una sospecha y un hecho demostrado, y eso tuvo consecuencias para el autor, las juradas y la editorial. La capacidad de amplificar una afirmación exige también cuidado hacia las personas sobre las que se informa. Nos parece importante señalarlo, no para cuestionar el legítimo ejercicio del periodismo, sino porque creemos que reflexionar sobre sus consecuencias es también una forma de ejercer esa responsabilidad", dice Almadía en el comunicado.
Finalmente, hay un pedido a El País: "En ese sentido, una disculpa por parte del diario sería, a nuestra manera de verlo, un gesto de respeto y consideración".
El comunicado de David Silva Rojas
El pasado 27 de octubre de 2026, a través de sus cuentas en redes sociales, Silva Rojas habló por primera vez del caso y a más de defenderse, anunció que estaba colaborando con la editorial en su proceso de investigación y agradeció "a los escritores, lectores y demás personas que me han enviado mensajes de apoyo en estos días, así como a quienes han pedido que se investigue antes de sacar conclusiones".
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En una carta de dos páginas, David Silva Rojas explicó cómo fue el proceso de escritura de la novela:
"Soy el autor de Donde el agua trabaja. Yo concebí, escribí y revisé esta novela. No utilicé herramientas de inteligencia artificial generativa para crearla, redactarla ni revisarla. La novela surgió de una investigación sobre las condiciones de vida y trabajo de las personas que llegan a Ica para trabajar en el sector agrícola. Mientras transcribía las entrevistas, comencé a escribir pequeños fragmentos en primera persona, reuniendo en una voz imaginada experiencias y sensaciones que me habían dejado aquellos testimonios. Al principio no pensaba escribir una novela. Esa decisión llegó después", dice al inicio del texto.
Más adelante, el escritor afirma que cuando supo que iba a hacer una novela, armó un cuaderno de notas en el que escribió cuál era la historia que quería contar y cómo iba a terminar: "También anoté algunas directrices que me servirían durante la escritura, por ejemplo, mantener siempre la perspectiva de la protagonista, utilizar una voz contenida y trabajar el ritmo mediante las repeticiones y los silencios. Ese esquema era el esqueleto de la novela, no un plan detallado de todos sus capítulos. A medida que escribía, fui incorporando escenas, personajes y situaciones que no estaban previstos inicialmente, pero que me permitían profundizar en la historia sin apartarme de su dirección principal. No necesitaba registrar cada nueva idea en el cuaderno. Después continué revisando la estructura y el lenguaje manuscrito en distintas versiones de Word".