domingo 01 de noviembre de 2026
RESEÑA

'Donde el agua trabaja' y lo que hay por debajo de una novela que acusan de ser escrita con IA

'Donde el agua trabaja', de David Silva Rojas, que ganó el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, es más que una polémica absurda.

En pocas palabras

  • Polémica literaria: La novela 'Donde el agua trabaja' de David Silva Rojas enfrenta acusaciones de haber sido escrita por IA.
  • Contexto temático: Aborda la explotación laboral de una joven migrante en viñedos de Perú, explorando la supervivencia y el sufrimiento.
  • Defensa del jurado: Se critica el uso de la polémica para desacreditar a jurados reconocidos, más allá del debate sobre la autoría o el uso de IA.
Resumen generado por Thinkindot AI

'Donde el agua trabaja' no podría ser IA

Si se comprueba que la novela de David Silva Rojas fue escrita por una IA, habría que dejar de leer, de escribir, de hacer reseñas, de entender a la escritura literaria como una forma de expresión para reconfigurar la vida. No tendría sentido hacer un esfuerzo por mediar al mundo a través de la palabra, no habría ficción posible para contener la ira y la alegría detrás de todo lo que proyecta, destruye y conjura lo humano.

Skynet habría ganado y solo haría falta la explosión nuclear y que un cyborg que se viera como Arnold Schwarzenegger viajara en el tiempo para acabar con la única esperanza que tiene la humanidad para vencer.

Porque más allá de la polémica que abrieron Jordi Pérez Colomé, Elizabeth Duval y Kiko Llaneras con el reportaje que hicieron para El País, al anunciarle al mundo que subieron el texto al detector de IA Pangram y que obtuvieron como resultado un 99% de escritura generada por una IA, el objeto está ahí, siendo ignorado. Y leer 'Donde el agua trabaja' es toda una experiencia por varias razones.

Primero, es una novela que se puede leer rápido, lo que permite su relectura, inclusive. Segundo, sus decisiones estilísticas están colocadas sobre la mesa desde el inicio y lo que sucede, a medida que se avanza, es la comprensión de cómo ciertas frases cortas, descripciones atomizadas y decisiones narrativas funcionan para reproducir un universo en el que todo está hundido, en el que algo acecha y en el que la depresión de sus personajes es real, está ahí, porque no puede existir nada más.

Y tercero, porque no se trata de una historia en la que haya un conflicto a resolver. Es casi una novela en la que no pasa nada, pero todo está ahí, sonando debajo de la tierra. Es como si se estuviera leyendo una cuenta regresiva de una bomba y si revienta o no quedara a voluntad de cada lector.

Una novela sobre la explotación laboral

David Silva Rojas es el escritor peruano autor de 'Donde el agua trabaja'. / Foto: Collage

David Silva Rojas es el escritor peruano autor de 'Donde el agua trabaja'. / Foto: Collage

El universo que David Silva Rojas establece en su novela empieza ya vencido. Esa forma casi telegráfica de mostrarlo al arranque ya está revelando que todo está perdido. 'Donde el agua trabaja' es una novela sobre la aridez, sobre una mujer joven que deja su casa en la zona rural y andina de Ayacucho, en Perú —se aleja de su mamá y hermanos menores— y viaja a la zona desértica de Ica para trabajar en viñedos para una empresa exportadora, recolectando la uva.

Ella, que no tiene nombre en la novela y que siempre alguien lo escribe o pronuncia con errores, necesita dinero para su casa y por eso acepta ir a trabajar a kilómetros y kilómetros de distancia. Porque no tiene más alternativa y nunca la tendrá. Si bien el tema central de la novela es la explotación laboral, su vocación no es la denuncia, su foco está puesto en la supervivencia, en un cuerpo que no da más del dolor, en que hasta con la claridad sobre por qué alguien se somete a un sufrimiento, la recompensa no deja de ser parte de ese mismo sufrimiento. No es posible la felicidad cuando se ignora a la gente que se tiene al frente.

El trabajo que hace el agua en la novela, y que ya está en el título, tiene que ver con el espacio de las labores en medio de la arena, con que haya un milagro de ingeniería que permita que haya hectáreas de uvas y uvas para ser cosechadas. Pero hay más.

El agua es lo que suena, lo que escucha todo el tiempo la mujer, lo que parece correr hasta una acequia, por debajo de ella y rodeándola. Es una amenaza, aterroriza mientras cada vez hay menos mujeres en el grupo de recolectoras. El agua es un recordatorio de que mientras la vida se abre espacio para que haya plantaciones, hay otras vidas que se gastan para mantener en las plantaciones triunfo de la inteligencia humana, para cumplir estadísticas y proyecciones.

En 'Donde el agua trabaja' se pone el cuerpo y por eso gana el dolor y la constante reiteración. Incluso cuando es posible una forma de redención o de abrir ventanas para que entre aire —por ejemplo, la relación entre la protagonista y otra mujer que se convierte en su amiga, o esa forma de intimidad que parece que va a desarrollarse con un enfermero en el fundo—, todo se vuelve el mismo día, ese que sucede una y otra vez, casi calcado y se lo lee de esa forma. Es como si 'El día de la marmota' fuese una realidad para una mujer de clase trabajadora que si consigue descansar lo hace al mismo tiempo que siente que algo malo está sucediendo o va a suceder.

Una novela con un final que no da consuelo

El mérito de 'Donde el agua trabaja' está en volver ese sufrimiento y el cuerpo que duele en material de una ficción que en lugar de decir "esto no está bien" presenta a personajes que deben atravesar el padecimiento, casi sin esperanzas. No van a mejorar las cosas, solo son. Y lo de David Silva Rojas es una forma de espejo, uno que refeja detalles y momentos en específico.

Por eso son pocas las oraciones de más de tres líneas.

Y las frases que hay, van revelando el sentido final de lo que la novela quiere. En las últimas páginas es la mujer la que lo entiende: "El cuerpo se sostiene en la repetición". La única solución está en vivir lo mismo día tras días, o sentirlos exactamente iguales, así como en llegar a ese momento en el que no quede más que romper la rutina de forma permanente. Porque lo que ella está viviendo es un eterno paréntesis dentro del cual hace lo posible para salir con vida, a pesar de sus miedos, de sus necesidades y del temor que carga.

Que haya mucho rechazo a la novela sin antes haberla leído se puede entender por cierta animosidad no en contra del ganador, o del premio en sí, sino en contra de su jurado —integrado por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda—. Porque claro, quizás este sea el momento que mucha gente ha esperado para que autoras reconocidas, muy presentes en discusiones públicas sobre activismos y temas políticos en Iberoamérica, puedan ser "expuestas" y mostradas como son: supuestamente incapaces de distinguir IA de algo escrito por un ser humano.

Esa posición no tiene que ver con literatura.

Un premio puede ser bueno o malo, justo o evidentemente amañado, pero usarlo como vehículo de "ajusticiamento intelectual" de personas con las que no todo el mundo pueda estar de acuerdo, es la verdadera crisis, intelectualmente hablando. Al leer la novela, queda claro por qué el jurado define como méritos el hecho de que no haya "delamación moralista" y de cómo el uso de forma magistral del silencio ayuda a que todo se eleve, porque eso está ahí.

Si 'Donde el agua trabaja' está hecha total o de forma parcial con una IA, todo será más triste, es verdad. Pero quizás el ejercicio podría ser mucho más profundo, porque si lo que hizo David Silva Rojas tuvo ayuda de una Inteligencia Artificial, habría que preguntarle que prompts usó y empezar a dudar sobre aquello que nos define como humanos.

Porque una máquina habría entendido cómo narrar una historia en la que el estilo es lo que realmente hace que la experiencia funcione.

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