Estaba todo listo para la presentación oficial en España de la primera novela de David Silva Rojas, 'Donde el agua trabaja'. Con ese libro había ganado el Primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat en julio de 2026; pero con un reportaje periodístico publicado en uno de los diarios españoles más relevantes, todo se suspendió.
La novela en medio de una polémica literaria
El Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat se convocó en noviembre de 2025, de la mano de la editorial mexicana Almadía —con más de 20 años de existencia en el mercado— y la fundación española Ventosa Arrufat. Recibió más de 2200 manuscritos y tuvo un jurado de lujo: la mexicana Cristina Rivera Garza, la argentina Selva Almada y la ecuatoriana Mónica Ojeda.
'Donde trabaja el agua' resultó ser la novela ganadora y su autor, un escritor y abogado peruano, de 46 años, nacido en Ica —zona costera, hacia el centro del país— se llama David Silva Rojas . Un nombre desconocido para el ambiente literario de la región, pero eso no un problema: a veces los premios deben servir para descubrir autores y autoras que no se conocían antes.
Y David Silva Rojas ya estaba en Madrid, en España, listo para a presentación oficial en Espacio Telefónica, el viernes 23 de octubre de 2026, de una novela que ya estaba circulando en librerías un mes antes y por la que había ganado 20 mil euros. Esa presentación, simplemente, no existió.
Porque un reportaje firmado por Jordi Pérez Colomé, Elizabeth Duval y Kiko Llaneras para diario El País alteró los planes con una acusación grave.
El reportaje, titulado 'La novela premiada ‘Donde el agua trabaja’ está escrita por IA al 99%, según el detector Pangram' detuvo la promoción del libro. Dice en su arranque: "La novela corta Donde el agua trabaja, del autor peruano David Silva Rojas, contiene un 99% de texto generado por una IA, según Pangram, uno de los detectores mejor valorados de texto producido por máquinas". Este inicio es casi lapidario.
Para la publicación de la nota, los periodistas consultaron con la editorial y revelaron la sorpresa de editores ante el cuestionamiento. En un comunicado lanzado el mismo viernes 23 de octubre, la editorial Almadía anunció una investigación de la denuncia, "sin anticipar conclusiones", así como la suspensión de "todas las actividades relacionadas con la presentación del libro en España".
"Durante la lectura de la novela, ni al jurado ni al equipo editorial nos pareció que se hubiera usado IA generativa. Nos acercamos a la obra en su conjunto, atendiendo a su voz, su construcción y los sentidos que abre. Nuestra mirada reúne experiencia, sensibilidad e interpretación, dimensiones que consideramos esenciales en el encuentro con la literatura", dijo Almadía en su comunicado.
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A partir de ahí, se ha venido dando una explosión de reacciones en redes sociales que, como avalancha, parece hacerse cada vez más grande.
Las reacciones ante la denuncia
No hay manera de contener todo lo que ha arrastrado la denuncia de que 'Donde el agua trabaja' habría sido escrita por una Inteligencia Artificial. Si bien Colomé, Duval y Llaneras se mantienen en la línea de que lo que ellos denuncian entra en el terreno de algo no necesariamente confirmado —"¿Es fiable el detector? Pangram no es infalible", dicen en algún punto del reportaje—, todo el contenido de su trabajo periodístico está dirigido a justificar con precisión el titular de la nota.
En el reportaje explican por qué usaron Pangram. Que en fragmentos más largos, el detector es más estable; que la "empresa sostiene que su tasa de falsos positivos es muy baja, es decir, que rara vez marca como IA un texto escrito por una persona", y que, de acuerdo a datos proporcionados por Pangram, "el detector marca como IA uno de cada 24.000 textos escritos por personas".
Al colocar las 26 mil palabras del libro de Silva Rojas en la versión 4.1 de Pangram, el resultado arrojado fue del 99% de que el texto haya sido generado por un modelo de Inteligencia Artificial.
La contundencia de la denuncia fue suficiente para que lectores, periodistas, escritores y otras personas que son parte del sector editorial en España y Latinoamérica se pronuncien sobre el caso. Y si de por sí el terreno de los premios literarios es complicado en la opinión pública —sobre todo por la idea generalizada de que todos siempre están amañados—, la denuncia ha abierto otra caja que no se va a cerrar con facilidad.
Porque en solo dos días no solo han saltado reacciones criticando que algo así haya sucedido. Hay también aquellas que acusan al jurado de no saber leer; están las que dicen que Almadía no hizo un buen trabajo —ya que en las bases del concurso estaba expresamente prohibido que se use IA—; abundan los comentarios de personas que han comprado el libro o han leído las primeras páginas de forma gratuita a través de Amazon y que luego de leer algo sentencian que sí es IA, que es fácil de verlo.
"Me disgusta MUCHO el estilo narrativo. Honestamente, yo también habría sospechado IA", dice uno de los comentarios que sintetiza lo que más se repite: que se puede identificar con la lectura lo que se ha escrito con IA.
Porque se supone que frases repetidas, el tono genérico y plano, lo predecible en sus estructuras y hasta las oraciones cortas son pruebas irrefutables de que un texto ha sido escrito por una IA. Pero, ¿es así? Decenas y decenas de críticas literarias sobre la dudosa calidad del inicio de la novela de Silva Rojas han sido suficientes para confirmar la denuncia de El País.
¿Qué va a pasar ahora?
Almadía está investigando y el resultado de esa investigación puede dar tres alternativas: 1) David Silva Rojas usó una IA generativa para hacer casi la totalidad de su novela. 2) El autor utilizó la IA en ciertos fragmentos de la novela. y 3) No la usó para nada.
Los dos primeros resultados deberían llevar a la editorial a quitarle el premio. En sus bases queda claro que no debería ser escrita, de ninguna manera, por una herramienta de inteligencia artificial: "Ante cualquier indicio o sospecha de incumplimiento de esta disposición, la obra será descalificada, independientemente de la fase del proceso en la que se encuentre".
El tercero, sería un problema para los periodistas y para El País.
Elizabeth Duval y Kike Llaneras han seguido usando sus cuentas de X para explicar la experiencia del detector —en el caso de Llaneras— y para ejemplificar cómo en otras publicaciones de autor, hasta en redes sociales, es identificable el uso de Inteligencia Artificial —como lo hace Duval—. En esto último, cualquier duda se disipa con facilidad: son frases que repiten estructuras que se pueden esperar de textos hechos con IA, sobre todo con un sentido de falsa profundidad.
Pero usar IA para publicaciones en redes sociales no es igual a usarla en una novela. Finalmente, en el centro queda un autor sobre el cual se han puesto todas las sospechas y que no ha dicho nada.
En el reportaje en El País, David Silva Rojas no habla. Pero ha hablado antes y este autor peruano, abogado e investigador, que nació en 1981 y vivió en Japón, donde empezó su formación literaria, ha contado cómo fue la génesis de esta novela con la que ganó el Premio, en la que habla sobre las condiciones de trabajo de una mujer joven que deja su comunidad para ser empleada en la industria de explotación agrícola en Ica: "Quise mostrar cómo, detrás del llamado “boom agroexportador” y de las grandes cifras macroeconómicas, está el desgaste físico y la humillación cotidiana de quienes ponen sus manos para que otros tengan un producto en el supermercado", le dijo a Fabiana Scherer, para El Clarín, en Argentina.
Ahora es el turno de la editorial de mostrar lo que hay detrás de la construcción de la novela.