¿Qué sucede cuando un mandatario estadounidense pierde ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos en las elecciones de mitad de término ('midterms'), tal como le ocurrió a Donald Trump? ¿La arrolladora victoria de los demócratas en el Senado y el Congreso realmente afectarán el gobierno del presidente?
Con los republicanos cediendo el control de la Cámara de Representantes y del Senado a los demócratas, Donald Trump entrará en la segunda mitad de su mandato con un Congreso mucho menos dispuesto a respaldar su agenda. No significa que su gobierno se desarrollará hasra 2028 con las facultades presidenciales mermadas, pero sí aumentará el poder de sus adversarios para bloquear, investigar y condicionar sus decisiones.
¿Qué pasará? Vamos por partes y, primero, revisemos los antecedentes, pues dos presidentes sufrieron esa doble derrota.
Los ejemplos de Bush y Obama
- Le pasó al republicano George W. Bush en 2006. Tras la victoria demócrata liderada por Nancy Pelosi, el presidente relevó a su secretario de Defensa y ejerció el veto en 11 ocasiones para impedir la retirada de tropas de Irak, invadida por Estados Unidos para derrocar al dictador Saddam Hussein. Posteriormente, ante el estallido de la crisis financiera de 2008, George W. Bush debió negociar directamente con la oposición para aprobar el rescate bancario, ante la falta de respaldo de su propia bancada.
- Y le pasó al demócrata Barack Obama en 2014. Con el control republicano del Senado y el bloqueo legislativo impuesto por Mitch McConnell —quien frenó incluso la designación de un juez para la Corte Suprema—, Obama optó por gobernar mediante decretos de carácter ambiental e impulsó pactos internacionales que prescindían de la autorización del Congreso, tales como el acuerdo con Irán, el Acuerdo de París y la normalización de relaciones con Cuba.
Es decir, el poder se ejerció (y no hay razones para pensar que no pase lo mismo en esta ocasión) mediante decretos presidenciales y se recurrió de forma sistemática al veto para frenar los proyectos de la oposición.
Hay una diferencia importante respecto de George W. Bush y Barack Obama: Trump afrontará este escenario con una agenda política muy polarizada y con varios asuntos judiciales, migratorios, fiscales y de política exterior que podrían convertirse en frentes de confrontación con el nuevo Congreso.
La derrota tiene un peso especial porque Trump, aunque ahora lo niega, convirtió estas elecciones en una evaluación de su segundo mandato. El costo de vida, la inflación, la guerra con Irán y las preocupaciones por la corrupción estuvieron entre los factores que marcaron el voto.
Los demócratas controlan las comisiones
Los demócratas tendrán el control de las comisiones y de la agenda parlamentaria. Podrán impedir que avancen proyectos centrales del presidente, modificar iniciativas republicanas y exigir negociaciones para aprobar leyes.
Esto afectará especialmente a nuevas reformas tributarias, migratorias, presupuestarias y de gasto público. No significa que desaparezca toda posibilidad de acuerdos: algunas iniciativas podrían avanzar con apoyo de los dos partidos. Pero Trump ya no tendrá un Congreso dispuesto a aprobar con facilidad sus propuestas.
Es probable que Trump intente compensar el bloqueo legislativo con órdenes ejecutivas y otras decisiones administrativas. Podría utilizarlas en asuntos migratorios, regulación ambiental, comercio y funcionamiento de las agencias federales.
Sin embargo, hay un límite importante: una orden ejecutiva no equivale a una ley. No puede sustituir la legislación que corresponde al Congreso y puede quedar sujeta a impugnaciones judiciales. Además, el nuevo Congreso tendrá herramientas para revisar las decisiones de la Administración y limitar sus recursos.
¿Se viene una ola de investigaciones?
Con el control de las dos cámaras, además, los demócratas podrán dirigir las comisiones de investigación, convocar a funcionarios, solicitar documentos y emitir citaciones. La gestión de la Casa Blanca, los contratos públicos, las decisiones migratorias, la política exterior y el uso de recursos federales pueden convertirse en asuntos de escrutinio.
La pérdida del Senado es especialmente relevante porque esa cámara confirma a los principales funcionarios del Gobierno, embajadores y jueces federales, incluidos los magistrados de la Corte Suprema.
Asimismo, los demócratas podrán rechazar candidatos, retrasar audiencias o exigir perfiles de consenso. Si se produce una vacante en la Corte Suprema, Trump ya no tendrá la misma facilidad para conseguir la confirmación de un candidato conservador.
Como ocurrió con Bush y Obama, Trump podría dedicar más atención a la política exterior ante las dificultades para aprobar su agenda interna.
Qué pasará con la política exterior de Estados Unidos
La guerra con Irán, las relaciones con China, Ucrania, la OTAN y los acuerdos comerciales serán asuntos de confrontación con el Congreso. La oposición podrá investigar las decisiones de la Casa Blanca y condicionar los fondos destinados a determinadas operaciones.
No obstante, el presidente conserva amplias facultades en política exterior y como comandante en jefe. El control demócrata del Congreso no significa que pueda dirigir directamente la diplomacia ni las operaciones militares.