miércoles 04 de noviembre de 2026
Fauna

Perros ferales: el abandono y la falta de control también llevan el problema al campo

Los ataques registrados en Cotopaxi y el Parque Nacional Cajas exponen los riesgos de los perros sin supervisión para la fauna silvestre.

En pocas palabras

  • Perros ferales y de vida libre: Se aborda la diferencia entre animales sin socialización y aquellos abandonados o sin supervisión, ambos representando un desafío rural.
  • Abandono y control: El abandono en carreteras y la falta de supervisión en ciudades contribuyen a la presencia de perros en zonas rurales y áreas protegidas.
  • Impacto en fauna silvestre: La presencia de perros en ecosistemas protegidos como el Parque Nacional Cajas genera riesgos de transmisión de enfermedades y conflictos territoriales.
Resumen generado por Thinkindot AI

La presencia de perros ferales y de animales que deambulan sin supervisión representa un desafío para las comunidades rurales y las áreas protegidas de Ecuador. Aunque suelen relacionarse con ataques a otros animales, no todos tienen el mismo origen ni comportamiento: algunos fueron abandonados, mientras otros tienen un hogar y salen libremente.

Perros ferales y perros de vida libre no son lo mismo

La expresión perro feral suele utilizarse para describir a los animales que viven sin contacto con las personas y que no han desarrollado procesos de socialización. Sin embargo, no todo perro que deambula por el campo o participa en ataques a otros animales es feral.

Así lo explica Shadi Heredia, médica veterinaria y coordinadora del área de Salud y Veterinaria de la Fundación Cóndor Andino. La especialista señala que también existen perros abandonados, animales que viven en libertad y mascotas que, aunque tienen una familia, salen sin supervisión y pueden atacar a otros animales.

La diferencia es importante porque el comportamiento y las posibilidades de intervención cambian según la historia de cada perro. Un animal que tuvo contacto con personas puede conservar ciertas conductas aprendidas, mientras que uno que nació y creció sin socialización puede reaccionar con temor ante la presencia humana.

En las zonas rurales, la falta de supervisión puede facilitar que los perros recorran grandes extensiones y entren en contacto con animales domésticos o silvestres. Heredia señala que la disponibilidad de alimento, la falta de control reproductivo y el acceso a otros animales pueden favorecer la permanencia de estas poblaciones.

El abandono conecta a las ciudades con las zonas rurales

Una parte de los perros que llegan a comunidades rurales no necesariamente nació allí. Según Heredia, durante las intervenciones realizadas por la Fundación Cóndor Andino en sectores cercanos a nidos de cóndores, identificaron que algunos animales eran abandonados en carreteras o en puntos próximos a zonas rurales.

En esos lugares, habitantes de las comunidades los acogían, en ocasiones por compasión, pero no siempre contaban con los recursos para cubrir su alimentación, atención veterinaria y esterilización. La situación puede derivar en nuevos nacimientos y en una población de animales difícil de manejar.

La información de la Unidad de Bienestar Animal (UBA) permite ampliar esta mirada desde las ciudades, los análisis internos de la entidad estiman que cerca del 80 % de los animales que deambulan por las calles tendría un tutor responsable.

La UBA explica que, en muchos casos, se trata de perros cuyos tutores les permiten salir sin supervisión o permanecer en las calles durante el día, mientras realizan sus actividades laborales, para regresar a sus hogares por la noche. Es decir, un animal que circula sin compañía no necesariamente está abandonado.

Heredia considera que las acciones no deben concentrarse únicamente en las comunidades rurales. A partir de su experiencia, sostiene que los gobiernos municipales tienen un papel en el control de la venta de animales, la identificación y la esterilización. La identificación mediante microchips, señala, permitiría reconocer a los animales y establecer responsabilidades en casos de abandono.

El riesgo para la fauna silvestre en el Parque Nacional Cajas

La problemática también alcanza a las áreas protegidas. Juan Carlos Quezada, administrador del Parque Nacional Cajas, informó sobre un incidente reciente en el sector sur del área, en los alrededores de la laguna de Angas, hacia el suroeste y cerca de los límites del parque.

El funcionario indicó que el caso estaría relacionado, de manera preliminar, con un posible ataque de perros a una especie propia de la zona. Quezada recordó que, durante los últimos cinco años, se habrían reportado alrededor de dos incidentes similares dentro o en zonas contiguas al área protegida. También señaló que el parque ha identificado casos de animales abandonados en su interior, incluidos cachorros.

La presencia de perros en estos espacios puede generar conflictos territoriales con la fauna nativa, acercamientos a zonas de anidación y riesgos asociados a la transmisión de enfermedades. El ingreso de animales domésticos a un ecosistema protegido puede alterar las condiciones de conservación, incluso cuando las personas los consideran mascotas de compañía.

El administrador también diferenció entre los perros que llegan por abandono y aquellos que ingresan junto con visitantes. En este último caso, señaló que algunos usuarios no respetan las disposiciones para evitar la presencia de especies domésticas en áreas de conservación.

La respuesta no se limita a retirar a los perros

Cuando reciben alertas sobre perros dentro del Parque Nacional Cajas, los guardaparques y equipos técnicos intentan localizarlos y capturarlos. Si no es posible, buscan retirarlos de los sectores sensibles para la conservación. La extensión del área protegida y el desplazamiento de los animales dificultan una respuesta uniforme para todos los casos.

Desde la Fundación Cóndor Andino, Heredia recuerda que las intervenciones en comunidades rurales incluyeron campañas de esterilización y sensibilización sobre tenencia responsable. La especialista estima que, durante ese trabajo desarrollado por más de cinco años, se realizaron alrededor de 4.000 esterilizaciones en zonas rurales.

La fundación ya no mantiene esas intervenciones en los mismos términos, aunque trabaja con otras organizaciones para identificar sectores donde se requieren acciones por la interacción entre perros y fauna silvestre. La experiencia permitió observar que el problema requiere trabajo sostenido y coordinación con las comunidades.

Heredia advierte que trasladar perros de una zona rural a un refugio o entregarlos directamente a una familia no siempre es una solución adecuada. Los animales que no han tenido contacto frecuente con personas pueden necesitar procesos individuales de evaluación y adaptación, que varían según sus experiencias y comportamiento.

Por eso, la prevención del abandono, la supervisión de las mascotas, la identificación y el control reproductivo son parte de una respuesta que debe comenzar antes de que los animales lleguen a zonas de conservación. La presencia de perros en el campo tiene distintas causas y no todos los casos responden al abandono urbano. Sin embargo, las prácticas de tenencia en las ciudades y comunidades, junto con la falta de control, pueden contribuir a que el problema se extienda hacia territorios rurales y áreas protegidas.

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