Cuando se habla de formación de jugadores en Ecuador, Independiente del Valle suele aparecer como el principal referente. Sin embargo, en la categoría más cercana al salto al fútbol profesional, la Sub-19, Liga de Quito ha tomado la delantera.
Liga de Quito domina la principal categoría formativa del país, pero sus campeones sub-19 todavía tienen dificultades para consolidarse en el primer equipo.
Cuando se habla de formación de jugadores en Ecuador, Independiente del Valle suele aparecer como el principal referente. Sin embargo, en la categoría más cercana al salto al fútbol profesional, la Sub-19, Liga de Quito ha tomado la delantera.
Los albos son bicampeones tras conquistar los torneos de 2025 y 2026. Los títulos demuestran que tienen talento en sus divisiones formativas, pero después aparece una pregunta: ¿qué ocurre con esos jugadores cuando termina su etapa formativa y deben dar el salto al primer equipo?
Varios de los campeones ya debutaron, aunque pocos han conseguido continuidad. Otros, pese a ser figuras de la sub-19, todavía esperan su oportunidad.
La obligación permanente de Liga de Quito de pelear por títulos, la conexión entre las formativas y el primer equipo, la presión sobre los entrenadores y el espacio ocupado por jugadores experimentados aparecen como factores que dificultan completar el último paso del proceso.
Los casos de los últimos dos años muestran que el principal obstáculo para los juveniles de Liga de Quito no siempre es debutar, sino conseguir continuidad después de dar ese primer paso.
Uno de los primeros en abrirse espacio fue Ruddy Mina. El delantero debutó con el primer equipo en septiembre de 2024 y posteriormente fue campeón Sub-19 en 2026. Sin embargo, desde su estreno acumula 12 partidos y 223 minutos entre LigaPro, Copa Ecuador y Copa Libertadores.
Un recorrido parecido tuvo Ederson Castillo, quien debutó con apenas 15 años, en diciembre de 2024. Desde entonces ha alternado entre las formativas y el primer equipo y registra nueve encuentros, con poco más de 200 minutos.
Durante 2025 comenzaron a aparecer otros nombres. Paúl Durán, capitán y posteriormente campeón Sub-19 en 2025 y 2026, recibió sus primeros minutos con el primer equipo y alcanzó cinco partidos, con 121 minutos. En 2026, sin embargo, ya no ha tenido participación.
También dio el salto Josué Caicedo. El lateral consiguió mayor continuidad que varios de sus compañeros y disputó ocho encuentros, con 340 minutos, antes de salir cedido al FC Barça B en julio de 2026.
Los campeones juveniles más recientes han seguido un camino similar. Andrés Gómez, integrante del plantel que conquistó el título Sub-19 en 2025, registra cuatro partidos y 132 minutos con Primera. Patrick Ortiz, campeón en 2026, también suma cuatro encuentros, con 146 minutos.
Pero no todos los futbolistas que destacan en las formativas han conseguido siquiera ese primer espacio. Jandry Calle y Kevin Pineda, campeones Sub-19 en 2025 y 2026 y protagonistas ofensivos de esos equipos, todavía no debutan con el plantel principal. Fricio Caicedo, campeón en 2025, tampoco alcanzó a estrenarse antes de marcharse al Inter Miami en 2026.
En medio de esos casos aparece una excepción que muestra otro camino posible. Juanse Rodríguez no integró los equipos campeones Sub-19, pero debutó con 18 años y posteriormente salió cedido a Portugal. A su regreso encontró la continuidad que otros juveniles todavía buscan y, con 20 años, ya supera los 900 minutos con Liga de Quito.
Así aparece la primera diferencia entre producir jugadores, hacerlos debutar y conseguir que se consoliden. Liga ha cumplido con los dos primeros pasos en varios casos, pero el tercero sigue siendo el más complicado.
Dušan Draškovic, exentrenador de la Tricolor y conocedor de los procesos formativos, encuentra una explicación en la propia exigencia deportiva de Liga de Quito.
La necesidad de conseguir resultados inmediatos condiciona las decisiones de los entrenadores. Un futbolista de 17, 18 o 19 años necesita competir para completar su desarrollo, pero también requiere tiempo para adaptarse y superar los errores propios de su edad.
En un equipo que pelea constantemente por títulos, ese margen puede ser reducido. “El primer equipo prefiere poner a un jugador formado”, dijo Draškovic.
Y cuando el cuadro capitalino no encuentra ese futbolista en Ecuador, según el entrenador, aparece el mercado internacional.
Carlos Sevilla, entrenador ecuatoriano que durante su carrera se caracterizó por apostar por futbolistas jóvenes, plantea otro factor.
“Tengo entendido que no hay una coordinación entre el trabajo del primer equipo y las divisiones menores. Entonces, muy poco se observa o se mira a las divisiones menores” dijo.
La afirmación corresponde a la percepción de Sevilla y no a una posición oficial de Liga, pero introduce otro punto del proceso: no basta con formar buenos jugadores si después no existe una transición efectiva hacia el equipo de primera.
Para Sevilla, tampoco basta con permitir que un jugador debute si después no recibe continuidad.
El entrenador considera que los juveniles necesitan confianza, incluso cuando cometen errores durante sus primeras apariciones.
“Hay que ponerle y seguir insistiendo para que vaya, primero, adquiriendo confianza y, segundo, demostrando sus condiciones físico-técnicas que muestra en la sub-19”.
Los números de varios campeones recientes muestran precisamente ese escenario: han llegado a debutar, pero todavía acumulan entre 100 y 300 minutos, una cantidad reducida para terminar de asentarse en Primera.
Ulises de la Cruz conoce ese salto desde adentro. El exseleccionado ecuatoriano debutó profesionalmente con 17 años bajo las órdenes del propio Sevilla. Su mirada, sin embargo, introduce un matiz frente a la postura de su antiguo entrenador.
Para De la Cruz, la situación deportiva del primer equipo condiciona las oportunidades que puede recibir un juvenil.
“Falta el proceso de más arriba: que el equipo goce de una buena posición en el campeonato, que tenga un buen rendimiento, para ir impulsando a los juveniles en el primer equipo”, dijo.
Es decir, un entrenador con resultados y estabilidad tendría mayor margen para apostar por un jugador joven que otro que pelea por mantenerse en el cargo.
Ahí aparece una diferencia interesante entre las dos posturas. Sevilla considera que, si el juvenil tiene condiciones, debe jugar y recibir respaldo incluso cuando se equivoque. De la Cruz, sin negar la necesidad de dar oportunidades, entiende que la presión particular de Liga de Quito puede hacer más difícil tomar esa decisión.
Ahí vuelve inevitablemente la comparación con Independiente del Valle. Liga de Quito demostró que puede competir e incluso superar a IDV en la sub-19. La diferencia parece estar menos en ganar torneos juveniles y más en lo que ocurre después con esos futbolistas.
Draškovic considera que Independiente construyó su modelo pensando desde el inicio tanto en formar como en transferir jugadores.
Sevilla encuentra otra diferencia antes de que los futbolistas lleguen a primera división, que es la competencia internacional.
“Los jugadores de las divisiones menores de Independiente constantemente están jugando torneos internacionales en México, Europa, Asia y Sudamérica, y se están mostrando. En cambio, Liga solamente juega torneos locales”, dijo.
Para Sevilla, ese roce permite que el juvenil acumule experiencias antes de enfrentarse a la exigencia profesional.
Los dos títulos consecutivos de la Sub-19 muestran que el problema de Liga de Quito no pasa simplemente por la ausencia de talento en sus categorías juveniles.
Hay jugadores que ganan campeonatos, otros que ya debutaron y algunos que incluso salieron al exterior. El interrogante aparece en el paso intermedio: conseguir que esos futbolistas acumulen suficientes minutos para transformarse en jugadores regulares del primer equipo.
Draškovic identifica la obligación de conseguir resultados inmediatos; Sevilla cuestiona la transición y continuidad que reciben los juveniles; y De la Cruz agrega la presión que soportan el entrenador y los propios futbolistas cuando llegan a un equipo obligado a ganar.
Liga de Quito ya consiguió construir equipos juveniles capaces de ser campeones. El siguiente desafío es conseguir que una mayor cantidad de esos campeones encuentre un camino sostenido en el equipo prinicpal.




