El abuso sexual infantil puede dejar consecuencias que persisten más allá de la niñez y afectar la manera en que una persona construye su identidad y enfrenta la vida adulta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la violencia contra la infancia puede repercutir a largo plazo en la salud física, mental y social.
Según la UNICEF 1 de cada 5 niños y niñas ya experimentado abuso sexual antes de los 18 años.
Para Stefany, el paso del tiempo no ha significado que la experiencia quede atrás, tiene 30 años y todavía hay aspectos de lo vivido durante su infancia que le resultan difíciles de procesar. ‘No lo supero’, expresó durante una conversación sobre las consecuencias que puede tener el abuso sexual infantil.
Cada persona atraviesa este proceso de manera distinta.
La experiencia de Stefany también está atravesada por las relaciones familiares y por la dificultad de hablar sobre lo ocurrido. En su caso la falta de respuestas protectoras forman parte de una historia que todavía intenta comprender.
¿Qué consecuencias tiene el abuso sexual infantil en el desarrollo?
Soledad Ávila, psicóloga clínica especializada en terapia familiar y directora académica de Fundación Azulado, explica que las consecuencias dependen de múltiples factores: la edad en la que comenzó la violencia, su duración, las circunstancias en que ocurrió y la relación con quien la ejerció. La violencia sexual no se limita a la violación o los tocamientos. También puede incluir la exposición a contenidos sexuales, la toma de fotografías con fines sexuales y otras formas de vulneración.
Estas experiencias pueden asociarse con ansiedad, depresión, dificultades para confiar en otras personas y problemas para establecer relaciones afectivas. También pueden afectar la autoestima y la percepción que una persona construye sobre sí misma. Ávila explica que algunas vivencias no llegan a verbalizarse durante la infancia y permanecen como parte de la historia personal.
La OMS identifica asociaciones con problemas de salud mental, dificultades de aprendizaje y un mayor riesgo de determinadas enfermedades físicas. Las experiencias adversas durante la infancia pueden relacionarse con alteraciones en el desarrollo, el rendimiento escolar y la salud física a largo plazo.
El silencio y la respuesta del entorno también importan
En la experiencia de Stefany, hablar sobre lo sucedido no fue un proceso sencillo, 60-70% de quienes vivieron abuso sexual en la infancia esperan hasta la adultez para contarlo. La dificultad de hablar puede estar relacionada con el miedo, la vergüenza, o la posibilidad de que el entorno no crea lo que la persona relata. Ávila destaca que la respuesta que recibe un niño cuando revela una situación de abuso puede influir en su proceso posterior.
Lo que el abuso sexual le puede hacer a las infancias.
Guadalupe Aizaga / Diario HOY.
A la violencia sufrida se suma, en ciertos casos, la sensación de que quienes debían protegerlos no respondieron. Stefany también pone el foco en la importancia de escuchar a niñas y niños cuando hablan sobre situaciones que les generan incomodidad o preocupación. Su experiencia como madre ha cambiado la manera en que entiende la comunicación con su hija.
La confianza se construye mediante conversaciones cotidianas en las que los niños pueden expresar sus dudas, emociones y preocupaciones sin temor a ser reprendidos. Para Ávila, contar con adultos dispuestos a escuchar es una parte esencial de la prevención.
¿Qué señales pueden alertar sobre un posible abuso sexual infantil?
No existe una única señal que permita confirmar que un niño está sufriendo abuso sexual. Sin embargo, los cambios importantes y persistentes en su comportamiento merecen atención. Ávila menciona que en niños pequeños se presentan retrocesos en habilidades que ya habían adquirido, dificultades para dormir, pesadillas, aislamiento, cambios en el rendimiento escolar y comportamientos agresivos.
Ciertos comportamientos sexualizados que no corresponden a la etapa de desarrollo, o dibujos con contenido sexual inusual para la edad, pueden requerir una valoración profesional.
Ante una señal de alerta, la respuesta no debe ser el castigo ni la confrontación. Se recomienda buscar orientación profesional y recurrir a los mecanismos de protección correspondientes. Si un niño cuenta que ha sufrido abuso, es fundamental mantener la calma, escuchar sin juzgar y evitar preguntas insistentes que puedan hacerlo sentir responsable.
La prevención empieza por el lenguaje. Enseñar desde edades tempranas los nombres correctos de las partes del cuerpo, hablar sobre los límites corporales y explicar el consentimiento permite que niñas y niños identifiquen situaciones que les resulten incómodas y puedan comunicarlas.
Mi Escudo 10+ programa para fortalecer la prevención en las escuelas
Fundación Azulado desarrolla el programa Mi Escudo, una iniciativa que busca fortalecer las capacidades de niñas, niños, adolescentes y adultos para reconocer situaciones de riesgo y activar mecanismos de protección. Su implementación contempla la capacitación de docentes para identificar alertas, responder de manera adecuada y recurrir a las rutas de protección establecidas por el Ministerio de Educación.
El programa se ha aplicado en 70 escuelas públicas y ha llegado a más de 32.252 niñas, niños y adolescentes. La formación busca que los menores conozcan su cuerpo, sepan que tienen derecho a decir que no e identifiquen personas de confianza a quienes acudir cuando algo les ocurra.
Herramienta 5 adultos de confianza, del Programa Mi Escudo para ayudar a niños, niñas y adolescentes a identificar personas a quien acudir en una situación de peligro.
Guadalupe Aizaga / Diario HOY.
El objetivo no es que los niños aprendan a defenderse solos, sino que cuenten con una comunidad adulta preparada para protegerlos. El vínculo con educadores y otros adultos de confianza es clave para que puedan pedir ayuda y recibir acompañamiento ante situaciones de riesgo.
Por eso, la iniciativa también ha incorporado a las familias mediante charlas y herramientas educativas para abordar en casa temas como los límites corporales, la confianza y la prevención de la violencia sexual. Ávila explica que la propuesta incluye un kit familiar con juegos, cuentos e historias para facilitar estas conversaciones.
Involucrar a los cuidadores sigue siendo un desafío. Los horarios laborales y las responsabilidades cotidianas pueden dificultar su participación. La familia, las instituciones educativas y los profesionales deben contar con herramientas para reconocer señales de alerta, escuchar a niñas y niños y actuar cuando sus derechos han sido vulnerados.
Para Stefany, una de las ideas centrales de esta problemática es que las niñas y los niños deben encontrar adultos dispuestos a escuchar lo que tienen que decir. Creerles y actuar para protegerlos puede marcar una diferencia en la forma en que afrontan lo ocurrido y en las posibilidades de recibir ayuda.