El partido Likud, del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, gana las elecciones parlamentarias en Israel con 24 y 25 escaños, pero su bloque no alcanza la mayoría para gobernar. El bloque opositor supera al de Netanyahu por casi tres escaños, según los sondeos a pie de urna publicados por los principales canales del país.
El parlamento fragmentado de Israel
El resultado dibuja un Parlamento fragmentado y abre una disputa que va más allá de quién obtiene más votos: quién consigue reunir 61 de los 120 escaños de la Knéset para formar una coalición.
Hay que tener presente que esto son proyecciones a pie de urna, no resultados definitivos. Los rangos pueden cambiar con el escrutinio.
Según los datos preliminares, el Likud pasaría de 32 escaños en 2022 a entre 24 y 25. La caída supone una pérdida de entre siete y ocho asientos. No significa que Netanyahu haya perdido toda su base electoral porque su partido seguiría como una de las principales fuerzas parlamentarias. Pero sí muestra que su capacidad para convertir ese respaldo en una mayoría de Gobierno se ha reducido.
La diferencia es importante: ser el partido más votado o con más escaños no garantiza ocupar el cargo de primer ministro. En Israel, el poder depende de los acuerdos entre partidos que permitan alcanzar la mayoría de 61 diputados.
Los 52 o 53 escaños atribuidos al bloque opositor superan por dos o tres a los cerca de 50 del bloque de Netanyahu. Sin embargo, esa ventaja no resuelve la elección.
¿Podrá la oposición unirse a pesar de sus diferencias?
Además, la oposición no es un bloque ideológicamente homogéneo. Gadi Eisenkot, Naftali Bennett, Yair Golán y Avigdor Lieberman representan corrientes y prioridades diferentes. Pueden coincidir en la necesidad de desplazar a Netanyahu, pero eso no garantiza un acuerdo sobre seguridad, religión y Estado, política económica o relación con los palestinos.
El reto de Eisenkot no consiste solo en sumar escaños, sino en convertir una alianza electoral en una coalición de Gobierno viable. Las diferencias entre los partidos y sus compromisos públicos determinarán cuánto pueden cooperar.
Shas, Judaísmo Unido de la Torá, Poder Judío y Sionismo Religioso sumarían, según las proyecciones facilitadas, una parte sustancial de los escaños del bloque de Netanyahu.
Estas fuerzas tienen prioridades específicas: desde las exenciones y condiciones del servicio militar para los ultraortodoxos hasta la agenda nacionalista y religiosa de la derecha radical. Sus escaños pueden resultar decisivos para cualquier pacto.
Por eso, incluso si el Likud retrocede, Netanyahu podría intentar reconstruir una mayoría mediante concesiones a sus aliados.
El factor árabe
Los 17 o 18 escaños proyectados para los partidos árabes los convertirían en un actor central de la negociación parlamentaria. La Lista Conjunta, con entre 10 y 11 asientos, y Raam, con siete, podrían alterar el equilibrio entre los bloques.
Aquí aparece una contradicción política relevante pues ambos sectores principales rechazan, por ahora, apoyarse en los partidos árabes, en especial por el problema de Palestina, pero ninguno llega a 61 sin ampliar sus alianzas o encontrar apoyos adicionales.