Miguel Tapia viaja por diversos países tocando las canciones que ayudó a armar y a grabar con la banda que tuvo con dos amigos de adolescencia, Jorge González y Claudio Narea. Porque Los Prisioneros son parte de la vida del continente y él lo sabe.
Miguel Tapia, uno de los fundadores de Los Prisioneros, habla de lo que significa seguir tocando canciones que son parte de la historia de Latinoamérica.
Miguel Tapia viaja por diversos países tocando las canciones que ayudó a armar y a grabar con la banda que tuvo con dos amigos de adolescencia, Jorge González y Claudio Narea. Porque Los Prisioneros son parte de la vida del continente y él lo sabe.
El gesto de subirse a un escenario a tocar esos temas es una especie de ritual regional. Y Miguel Tapia es un catalizador. No es nostalgia, ni viaje en el tiempo, es hablar de lo que sigue siendo actual. Que eso que jóvenes veinteañeros cantaron en su momento se refiere a lo que pasa todavía. Es compleja la realidad social y política de América Latina, siempre ha sido así.
La banda sonora que Los Prisioneros crearon en seis discos de estudio —'La voz de los 80' (1984), 'Pateando piedras' (1986), 'La Cultura de la basura' (1987), 'Corazones' (1990), y luego los otros dos que sacaron luego de años de separación: 'Los Prisioneros' (2003) y 'Manzana' (2004)— tiene en el centro a Jorge González. Pero Miguel Tapia siempre ha estado ahí. Es el integrante que ha tocado en todos los discos y Los Prisioneros es tan de González como de él.
Miguel ahora canta y comanda una banda con la que reproduce las canciones de Los Prisioneros. Está frente a todos, sostiene el micrófono, las canta en el tono original y su timbre suena muy parecido al de Jorge González. El baterista y cantante ocasional del grupo —su voz es la que suena en el clásico '¿Quién mató a Marilyn?' y en el puente de 'El baile de los que sobran'— es un embajador de un espíritu que sigue vivo.
Esa es la razón de la visita de Tapia a Ecuador el fin de semana pasada, porque tocó el 16 de octubre en Quito y el 17 de octubre en Guayaquil, en presentaciones compartidas con Los Auténticos Decadentes y Vilma Palma y Vampiros.
Creo que una de las razones por la que la música de Los Prisioneros sigue sonando es porque no fue solamente música para entretener. Lo que está muy bien, siento que si hay una banda que considera que quiere hacer música solo para entretener, está en su perfecto derecho. Pero en nuestra en nuestro caso, como adolescentes en la época en que crecimos en Chile, en una dictadura muy dura, en una de las dictaduras militares que abarcaron todo el sur, como en Brasil, Uruguay y Argentina... pues fue muy duro. Nosotros somos producto de eso y hemos tenido una mirada más crítica hacia lo social y político por lo que había sucedido en Chile.
Era inevitable, sí. Pero lo que también era increíble es que cuando hacíamos estas canciones, las hacíamos pensando en nuestro Chile y cuando salimos a tocar por primera vez afuera, a los 22 años, en Perú, Ecuador, Colombia nos dimos cuenta de que eran las mismas inquietudes de la juventud. Entonces, hay bandas que están en su completo derecho de hacer música para entretener, pero en nuestro caso no fue así.
Lo que hace que la música de Los Prisioneros siga sonando hasta el día de hoy es justamente ese mensaje que nació de forma natural en la banda y que hasta el día de hoy sigue identificando a las nuevas generaciones.
Cuando comenzamos con la banda empatizábamos totalmente con la mirada social del movimiento que había en ese momento que era el canto nuevo en Chile, que era un poco de folklore de protesta y nosotros empatizábamos con ellos en el mensaje, pero no en el sonido. Nuestra generación era un poquito más joven que la de estos músicos y estábamos conectados con otro tipo de sonido. Y lo nuestro fue la influencia de New Order, Depeche Mode, Soft Cell, Gary Numan, Human League, o sea un sonido más inglés, combinado con esas letras que tenían un contenido social. Eso marcó la diferencia entre lo que hacíamos y lo que hacían otras bandas.
Si se revisan a nivel sonoro los discos de Los Prisioneros, se puede sentir un recorrido, que todos forman parte de una indagación a través de lo electrónico...
Exactamente, con Jorge compartimos 100% nuestro gusto musical, eso sí te puedo decir. No nos pasaba mucho con Claudio, pero con Jorge sí nos gustaba mucho ese sonido que es el sonido de Los Prisioneros, ¿no? Que está en 'La cultura de la basura', en 'Quieren dinero', en 'Muevan las industrias' y en 'Corazones'. A nosotros nos gustaba mucho la música bailable, la música con secuenciadores, con teclados, así que fue eso fue absolutamente una influencia que tuvimos con Jorge, que es un tremendo escritor de canciones, con letras maravillosas.
Hasta el día de hoy con Jorge nos escribimos. Mantenemos esa amistad que, y esto es muy algo muy personal, para mí ha sido muy importante y sé que para él también, porque con Jorge siempre estuvimos en toda la historia de Los Prisioneros. Y eso hizo que estuviéramos siempre en las buenas y en las malas. Y eso, a mí por lo menos, me une mucho a una persona. Pienso que cuando estamos dos amigos en un grupo, estamos en las buenas y en las malas, nos apoyamos, nos empujamos, salimos de ahí y volvemos a estar arriba, en la punta de la ola. Eso me hace mantener contacto con Jorge.
La historia de Los Prisioneros es una historia complicada, de cercanías y distancias. El trío original se desarmó en 1990 con la salida de Claudio Narea por temas personales, sobre todo con González. Un disco más sacaron con otra alineación y todo se cerró. Una década después, la banda se reunió para una serie de shows y un disco en estudio, pero en 2003 todo se volvió a ir por el caño: Narea volvió a irse del grupo y no hubo más retorno. Tapia y González, junto a otros músicos, lanzaron un último disco como Los Prisioneros en 2004.
Más adelante, Narea y Tapia formaron un dúo con el que dieron numerosos shows, pero no grabaron discos. En 2015, Jorge González sufrió un accidente cerebro vascular —un infarto vascular en el cerebelo— y vive con las secuelas del hecho. Nueve años después, él presentó una demanda en contra de Tapia y el exmanager de Los Prisioneros, porque aseguraba haber sido engañado para firmar documentos que permitían la explotación del catálogo del grupo sin su consentimiento y sin darle sus ganancias correspondientes. No hay información disponible sobre la resolución del proceso.
Pero Tapia siempre ha sido claro en hablar de una relación cercana con González, incluso por un tema familiar de por medio: su hermana se casó con un hermano de González y los dos tienen una sobrina en común.
Es muy lindo para mí seguir tocando todas estas canciones en vivo. Las he trabajado con mucha responsabilidad y la verdad que el sonido me fascina. El otro día estaba haciendo algo con 'Muevan las industrias' y me metí pista por pista a las secuencias y encontraba cosas que me hacían pensar: ¡Qué buena composición! ¡Qué buena estructura! ¡Qué bien hecho! Y le escribí a Jorge: "¡Jorge, Jorge, compadre! ¡Qué bien hecha quedó esta canción!".
Yo soy público, yo soy fan de Los Prisioneros. Siempre me gustaron sus canciones, escuchaba los discos...
Sí, los escucho de vez en cuando. Hace tiempo no lo hacía, pero empecé a hacerlo de forma natural nuevamente, sobre todo porque comencé a armar este formato, con esta banda con la que llevo tocando cuatro o cinco años, Me tuve que imbuir en las canciones y empecé a redescubrirlas. Eso me pasó y me hizo volver a admirar el trabajo que hay dentro de esas canciones, sobre todo del disco 'Pateando piedras' en adelante. Te hablo de canciones como 'El baile de los que sobran', 'Quieren dinero' y 'Tren al sur', por ejemplo.
Es muy extraño y no sé por qué no son tan conocidas esas canciones. No he tenido el tiempo de sentarme a pensar en eso. Porque efectivamente, el disco homónimo que hicimos después de la reunión, después de 10 años de estar separados, después de hacer dos Estadio Nacional fue un disco de estudio con canciones importantes, bien importantes, que no perdieron la esencia de Los Prisioneros y que dicen cosas interesantes. Hay una que se llama 'Ultraderecha' y que ahora podría estar bastante de moda, uno la escucha y se da cuenta que es tan actual. Otra se llama 'El otro extranjero' que es sobre la gente que llega a tu país, pero no es el inmigrante que anda buscando trabajo, sino el inmigrante que tiene un nivel social grande y explota al inmigrante pobre. Así hay varias canciones que te invitan a reflexionar.
'Manzana' es es un disco un poquito más normal, como que tiene que ver más con una relación de amor. Pero tiene cosas bonitas e interesantes, como la canción que habla del muro de México. Hay canciones en esos discos que tienen una inquietud de decir cosas.




