“La confianza es el problema más acuciante —y, sin embargo, el menos abordado— al que se enfrenta América Latina y el Caribe. Ya se trate de los demás, del gobierno o de las empresas, la confianza en la región es menor que en cualquier otra parte del mundo”. Con esta clara y desafiante afirmación, el Banco Interamericano de Desarrollo presentó su estudio de 2022 “Confianza: la clave de la cohesión social y el crecimiento en América Latina y el Caribe”.
¿Qué es la confianza? El libro la define en términos sencillos como la fe en los demás: en su honestidad, fiabilidad y buena voluntad. Así, la confianza termina siendo el intangible que determina el grado de unidad o división en una sociedad, y se refleja en los resultados en ámbitos como la política y la economía.
La confianza se ha deteriorado significativamente en la región a lo largo de los años. El documento apunta que el porcentaje de individuos que consideran que se puede confiar en la mayoría de las personas bajó —en promedio— del 22% al 11% entre 1981-1985 y 2016-2020. Es decir, solo una de cada diez personas cree que puede confiar en la mayoría. El estudio muestra que, a menor confianza interpersonal, aumenta la informalidad, se debilitan el civismo y la cohesión social, y caen la inversión y el aporte de la productividad al crecimiento. Además, la desconfianza afecta la calidad de la democracia y la participación social efectiva.
Si usted respondió que no, es parte de la mayoría. Según el Latinobarómetro 2020, citado por el BID, solo el 9,7% de los ecuatorianos confía en la mayoría de las personas, por debajo del promedio regional de 12,9%: puesto 14 entre 18 países. Además, el 88,5% cree que compartir sus datos personales implica más riesgos que beneficios, la cifra más alta entre diez países estudiados.
El libro también ubica a Ecuador entre los países de baja confianza y alta informalidad, con un débil cumplimiento de los contratos y funcionarios públicos que comparten poca información entre sí. El libro también ubica a Ecuador entre los países de baja confianza y alta informalidad, con un débil cumplimiento de los contratos y funcionarios públicos que comparten poca información entre sí.
En 2024, según el Latinobarómetro, la confianza interpersonal fue del 8%: otra vez, menos de uno de cada diez ecuatorianos confía en la mayoría. La conclusión es preocupante: la confianza sigue en niveles mínimos y no muestra señales de mejora.
Sobre la raíz del problema, el BID apunta a la impunidad frente al oportunismo; a la información escasa o sesgada sobre la conducta ajena, que divide o solo confirma posturas previas; y, desde una perspectiva histórica, a episodios en que las personas de una comunidad se vieron obligadas a volverse unas contra otras.
Este examen de la confianza en Ecuador nos retrata al desnudo. Una sociedad que no logra aumentar su confianza interpersonal está condenada a buscar el camino al progreso sin encontrarlo. Así como los ciudadanos necesitan ver resultados para retomar su apego a la democracia, para reconstruir la confianza se necesitan evidencia y cumplimiento, tema de una próxima columna.