viernes 23 de octubre de 2026
Opinión

Guaguas de pan, la memoria compartida

La preparación de guaguas de pan y colada morada en Ecuador trasciende lo meramente culinario, convirtiéndose en un acto de memoria y conexión familiar.

Cuando era niña, cada octubre la casa de mis abuelos olía a colada morada. Mis tías, mi madre y mi abuela se turnaban frente a la olla, moviendo la cuchara de palo. Los nietos esperábamos sentados a que las guaguas salieran del horno, impacientes por decorarlas con glaceados de colores. Eran pequeñas y ninguna tenía relleno, algo que para muchos, hoy sería inconcebible. Cumplíamos un ritual sagrado sin saberlo; para nosotros, niños de los ochenta, era simplemente la tarde más divertida del mes.

Años después, dos momentos me devolvieron a ese recuerdo: probar el pan de muerto mexicano y ver a mi ahijado Lucas inspirarse en la película Coco para pedirme que hiciéramos guaguas de pan y un altar a sus bisabuelos y mascotas. Algo hizo clic en mí: ya era adulta, pero volví a ser la niña que esperaba ansiosa junto al horno. Me sobrecogió que una celebración fúnebre pudiera dar tanta felicidad. Hay personas que conectamos los recuerdos y los afectos con los sabores.

Esa inquietud me llevó a investigar las tradiciones alimentarias del Día de Difuntos en Latinoamérica.

Descubrí que las guaguas de pan no son solo ecuatorianas: en el altiplano de Bolivia y Perú se llaman t’anta wawa (“bebé de pan” en aimara). Descubrí que las guaguas de pan no son solo ecuatorianas: en el altiplano de Bolivia y Perú se llaman t’anta wawa (“bebé de pan” en aimara).

Allí se cree que las almas llegan el 1 de noviembre y se despiden al día siguiente; las familias preparan mesas con la comida favorita del difunto, con fotos y panes con forma de escaleras o animales para ayudarlas a volver al cielo. El 2 de noviembre, en el cementerio, ese pan se reparte a cambio de oraciones.

En México, el pan de muerto es redondo, perfumado con azahar, y sus tiras de masa representan huesos. Su lugar es el altar, centro de la memoria familiar. Aunque en la región existen otras bebidas de maíz, la colada morada solo se prepara en Ecuador: un agradecimiento a la tierra más que un simple ritual fúnebre.

Lo mágico de esta ritualidad es que tiene como protagonista al pan, un alimento cotidiano. Una guagua con colada se disfruta igual en un hogar humilde que en uno elegante. Es una tradición tan viva que trasciende fronteras e incluso logra convivir y sincretizarse con festividades como Halloween, cuyo origen en el Samhain celta, tampoco logró borrar la necesidad andina y mexicana de recordar a los seres queridos que partieron.

Es imposible mantener la pureza cultural en un mundo mestizo y globalizado; yo prefiero celebrar todo lo que nos une como humanos. Es imposible mantener la pureza cultural en un mundo mestizo y globalizado; yo prefiero celebrar todo lo que nos une como humanos.

Así que este año, siéntate con tu abuela y pregúntale cómo eran estas fechas en su infancia. Si no puedes cocinar, compra la colada y las guaguas hechas; lo esencial es reunirse para mantener viva la memoria familiar. Seguramente los sabores de ese día llevarán a las siguientes generaciones a un hermoso recuerdo de los padres, los abuelos y la felicidad que nos une en un bocado.

¡Buen provecho!