lunes 02 de noviembre de 2026
Opinión

De isla de paz a ruta de la droga

La "isla de paz" ecuatoriana se transformó en un corredor de drogas, con la inseguridad desplazando a la economía como principal preocupación ciudadana.

Hace algunas décadas, Ecuador era conocido como una “isla de paz”. La referencia alcanzaba tal dimensión mientras nuestros vecinos Colombia y Perú libraban intensos conflictos internos con las FARC y Sendero Luminoso, respectivamente. Esa paz relativa se interrumpió entre finales de los noventa e inicios de siglo, cuando nuestro país se convirtió, poco a poco, en un punto de tránsito de la droga proveniente del norte y del sur. Ecuador no es un productor significativo de estupefacientes.

Durante la última década se han producido dos fenómenos que nos envuelven en una espiral de inseguridad: la disputa por el control del territorio y la presencia en el país de cabecillas de organizaciones criminales, nacionales y extranjeras, como lo evidencian las capturas de los últimos años. En lo primero, InSight Crime traza un mapa de nuestro país ocupado por distintas bandas que buscan asegurar el movimiento de droga y apunta a una correlación entre narcotráfico y homicidios, con mayor volumen en la Costa (puertos) que en la Sierra o en la Amazonía.

Diversos estudios muestran que, durante décadas, las principales preocupaciones ciudadanas se concentraban en la situación económica, mientras que ahora la inseguridad ocupa el primer puesto.

Según el Latinobarómetro 2026, el 70% de los ecuatorianos se preocupa todo o casi todo el tiempo, o algunas veces, de llegar a ser víctima de un delito, la segunda cifra más alta de la región. Según el Latinobarómetro 2026, el 70% de los ecuatorianos se preocupa todo o casi todo el tiempo, o algunas veces, de llegar a ser víctima de un delito, la segunda cifra más alta de la región.

Además, Ecuador encabeza América Latina con un 37% de personas que han sido víctimas, o que tienen un pariente que ha sido asaltado o agredido, en los últimos doce meses; el promedio regional es 24%.

El 9 de enero de 2024, el Gobierno Nacional arrancó una batalla contra el crimen organizado con la declaratoria de conflicto armado interno y su éxito estará determinado, en buena medida, por el grado de cooperación internacional. Esto debido a que la gestión de la seguridad está directamente relacionada con las capacidades de las fuerzas del orden. Dado el nivel de financiamiento de los grupos de delincuencia organizada y su acceso a armamento de alto calibre, aquellas capacidades marcan una brecha que debe ser reducida.

En recientes semanas han sido visibles las operaciones conjuntas con fuerzas estadounidenses, la llegada del C-5M Super Galaxy, el avión más grande de sus fuerzas armadas, y dos drones de vigilancia MQ-9 Reaper para operaciones de control en el Pacífico oriental. Estos hechos podrían ser un hito para reducir esa brecha.

La pregunta es inevitable: ¿cuánto tiempo tomará la guerra interna? Las experiencias de Medellín y Monterrey sugieren que aún quedan varios años en que distintas administraciones deberán batallar este mal. Por las ramificaciones del narcotráfico en el lavado de activos, minería ilegal, trata de personas y cibercrimen, debemos tomar conciencia de que la recuperación de la seguridad pasa por la unidad de todos los sectores y la continuidad de políticas de Estado que trasciendan gobiernos para combatir un enemigo común.

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