Anne Carson publicó en 2001 ‘La belleza del marido’, un título al que muchos lectores vuelven. Porque sintetiza su intención creadora, el carácter juguetón de su obra y lo que significa leerla para quienes disfrutan de sus libros. Vale decirlo: es un gran libro.
Porque Carson es una poeta que entiende este siglo y escribe, como pocas y pocos, interconectando lo que escribe con diversas referencias, tradiciones y búsquedas. Ella salta de una idea y estructura a otra, sin aviso, para hacer un arte real y actual, al mismo tiempo. Esto ha molestado a muchos que no quieren aceptar la vocación de juego que también existe en la poesía, gente que se ha volcado a sus cuentas en redes sociales para criticar a Carson, acusarla de ser mala poeta y, luego, sin empacho, decir que lo piensan luego de haberla leído, por primera vez y solo dos poemas.
Definir a Carson como mala poeta —y de esa manera— es prueba de que hay personas que saben leer, pero prefieren no saber leer. Es posible que la noción de juego y de armar otras maneras de hacer poesía no sea para todo el mundo, pero quizás, una posición tan pobre como la de catalogarla de mala sin haberla leído deba ser enfrentada con la lectura de una de sus obras más emblemáticas.
Y ahí está ‘La belleza del marido’, que funciona como un gran reflejo de lo que ella hace.
Anne Carson, la Premio Nobel de Literatura 2026, presenta su obra 'Antigonick' en la galería de arte Moderna Museet de Estocolmo, Suecia, el 8 de mayo de 2025. / Foto: EFE
Por eso, ¡cuánta razón hubo el 8 de octubre de 2026! Cuando la secretaria permanente de la Academia Sueca, Ingrid Carlberg, leyó el fallo del Premio Nobel de Literatura, dijo que Anne Carson se lo llevaba “por su obra audaz e innovadora que, en un diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea". Quizás sea la definición más lisamente justa para hablar de Carson.
Eso es lo que justamente pasa con ‘La belleza del marido’, el primer libro de Anne Carson que se tradujo al español.
Anne Carson entre Keats y un marido
Este es un libro con subtítulo que delimita lo que se va a leer: ‘Un ensayo narrativo en 29 tangos’. Es una mezcla de los tres géneros y eso es algo que eleva la experiencia. La figura del tango como baile se asienta en la idea de que cada pieza se baila hasta que el sonido se haya desvanecido. Estas subdivisiones son un pedazo de la historia de un matrimonio, piezas de radiografías como rompecabezas.
Carson recurre a una definición de belleza que sirve para que el poemario crezca. Pero es una que flota, que permite abrir un paréntesis detrás de otro. Por un lado está esa belleza física, enarbolada por la imagen del marido del título, esa belleza que lo consume todo, una forma de maldición de la que ella no puede librarse. Se supone que hay algo biográfico en este libro, pero lo que más existe es la reflexión, el análisis y la claridad que ofrece la distancia para construir un universo de palabras que pueda contener aquello que ya estaba condenado.
‘La belleza del marido’ es sobre lo que se ha destruido. Es también sobre la construcción de eso que se va a destruir.
En otro lado, la belleza del libro tiene que ver con John Keats, que es la figura a la que se le dedica la obra y, al mismo tiempo, es una especie de faro que ilumina cada una de las 29 partes —que quizás son 30—, con frases de él al inicio de cada tango. “La belleza es verdad y la verdad es belleza”, es el aforismo de Keats que abre la colección. Y como Anne Carson es también una escritora que no se puede separar de su pasión por la Grecia clásica y sus autores, el epígrafe pertenece al libro ‘Oda a una urna griega’, que Keats publicó en 1819.
Carson puede crear una obra que enternece, hace reír y conmueve.
La escritura de Carson no se puede contener
Portada de 'La belleza del marido', de Anne Carson. / Foto: Lumen
En ‘La belleza del marido’, la poesía es más directa, casi confesional. Es como si contara partes de la historia de este matrimonio y cada verso fuera un recuerdo de esa relación. No es necesaria la metáfora, porque lo que mueve el libro es una metáfora total: la belleza como la fuerza que todo lo puede, mueve, transforma y devasta.
Por eso, más que versos, parecería que el libro es un conjunto de retazos de narraciones que se crean para armar la historia propia, casi como una invención. La voz de la mujer que habla de la relación con el hombre, el marido de este libro, es la que cuenta sobre la conquista, el matrimonio, la infidelidad, las mentiras; pero es la misma voz la que trata de decir que esto puede ser invención, porque lo que importa no son los pedazos de la vida en común, sino la reflexión sobre el deseo, la belleza y lo que sucede cuando son las razones de lo que duele. Porque nadie puede decir que las relaciones personales sean fáciles. “La ficción da forma a lo que fluye en nosotros”, dice en algún punto la voz.
Hay tangos más poéticos que otros. Unos funcionan como grandes revelaciones —como aquel en el que el abuelo del marido le dice a la mujer que no debió casarse con su nieto—, otros hablan de la pasión que existió y que se esfumó, los instantes de vida en común, lo mundano, lo sublime, el entendimiento.
Hay tangos más poéticos que otros. Unos funcionan como grandes revelaciones —como aquel en el que el abuelo del marido le dice a la mujer que no debió casarse con su nieto—, otros hablan de la pasión que existió y que se esfumó, los instantes de vida en común, lo mundano, lo sublime, el entendimiento.
Anne Carson hizo un libro en el que la poesía es una narración, en el que la fuerza está en lo que la historia permite reflexionar y en el que queda la certeza de que los deseos que no se pueden controlar están ahí para encarcelar todo. Finalmente, la belleza más que verdad, es el pensamiento sobre lo hecho.
La edición más reciente de este libro la publicó la editorial Lumen, en 2019, con traducción de Andreu Jaume Enseñat.