El 28 de septiembre pasado, el presidente Daniel Noboa aceptó la renuncia de Sariha Moya al Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo y designó en su lugar a Bernardo Cordovez.
El nuevo titular del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo de Ecuador, Bernardo Cordovez, asume en un contexto de cifras económicas mixtas.
El 28 de septiembre pasado, el presidente Daniel Noboa aceptó la renuncia de Sariha Moya al Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo y designó en su lugar a Bernardo Cordovez.
El relevo ocurre en un momento en que la economía muestra señales mixtas: en el segundo trimestre de 2026, el crecimiento interanual fue de 2,1% impulsado, sobre todo, por el consumo de los hogares (3,5%) y la formación bruta de capital fijo (10%), según el Banco Central del Ecuador. La proyección oficial para todo el año se elevó de 2,5% a 2,7%, y se entiende que no han sido considerados los efectos que tendría el Fenómeno de El Niño.
Las ventas de agosto de 2026 crecieron 19,1% frente a agosto de 2025 y sumaron 25.725 millones de dólares en comprobantes electrónicos, siendo la minería el foco más veloz, ya que sus ventas aumentaron 96,9%. Pero no es solo la minería, el comercio fue otro de los sectores que más aportó, con 2.296 millones de dólares; es decir, mostró un crecimiento del 24%, y las ventas de la manufactura aumentaron un 9,5%, con 301 millones de dólares.
Además, para vivienda hay 770 millones de dólares en líneas de crédito con tasas preferenciales, así como nuevas reglas de interés social y mayor inversión pública.
Moya dejó pendiente, en un superministerio que agrupa Economía, Finanzas, Producción y Agricultura, los desafíos propios de integrar estos sectores desde una perspectiva de desarrollo.
Bajo su gestión se consolidó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, FMI, y se logró cierta contención del gasto, ya que el déficit del Sector Público No Financiero cerró 2025 en 2,9% del Producto Interno Bruto, PIB, por encima de lo programado.
El servicio de la deuda sigue absorbiendo una porción creciente del Presupuesto General del Estado: a septiembre de 2026, el gasto total superó en 791 millones de dólares al del mismo periodo del año anterior, impulsado principalmente por los intereses. La deuda interna consolidada creció 33% en 12 meses y la externa, 7%. El peso de los intereses rivaliza con partidas sociales críticas: según cálculos recientes, el servicio de la deuda supera con creces lo asignado a inversión pública y compite directamente con educación y salud.
El mismo día en el que se aceptó la renuncia de Moya, el riesgo país subió: tuvo su pico más alto en seis meses al llegar a 496.37 puntos básicos; es más, durante septiembre se incrementó 18% en 30 días. Todo ello nos recuerda que los mercados miran no sólo los nombres, sino la continuidad de la política y que las cifras fiscales no se modifican por sólo el cambio del titular.
En este contexto: ¿el gobierno ajustará prioridades en la coyuntura electoral y climática que marcará el último trimestre de este año? ¿Se privilegiará el cumplimiento estricto de las metas fiscales o se abrirá espacio para decisiones que incrementen, por encima de lo previsto, el gasto público? ¿El manejo de la liquidez tendrá matices asociados a la coyuntura política?
Y en los próximos años, ¿qué reformas estructurales se abordarán, tomando en cuenta que el financiamiento del sistema de seguridad social está al límite y que el mercado del trabajo no permite la absorción de mano de obra en los términos de cantidad y calidad que se requieren para impulsar un proceso sostenido y significativo de crecimiento?
Un cambio de nombre en la dirección del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo solo será una señal positiva si viene acompañado de continuidad en lo esencial y de corrección en lo que no funciona. Ecuador no necesita otro ciclo de anuncios; necesita previsibilidad, resultados medibles y reformas estructurales que no se pueden seguir postergando.



