Tres organismos multilaterales que han estudiado a fondo la situación del Ecuador: el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento, en diversos informes han identificado al turismo como uno de los sectores estratégicos para el desarrollo integral del país, porque ¡tenemos todo!
Sin embargo, la tarea pendiente es convertir esta riqueza en productos turísticos competitivos. Galápagos es el único y nuestro gran referente: un destino con identidad, servicios y una oferta reconocible internacionalmente. En el continente existen iniciativas públicas, privadas y comunitarias, a micro nivel, necesitamos integrarlas en propuestas comerciales.
Tenemos volcanes, selva, playas, patrimonio y gastronomía, pero esa abundancia sigue siendo una promesa mientras el visitante no encuentre una oferta organizada y fácil de comprar.
La diversidad es nuestra ventaja, pero la dispersión de esfuerzos limita su potencial. La diversidad es nuestra ventaja, pero la dispersión de esfuerzos limita su potencial.
Se evidencia entonces, la necesidad de desarrollar macro productos turísticos como la apuesta más importante de cara al futuro del turismo: propuestas que articulen destinos, atractivos, servicios y experiencias bajo un concepto reconocible. Su escala permite reunir negocios, construir itinerarios, atraer inversiones y ofrecer razones para que el visitante permanezca más tiempo y gaste más.
La Avenida de los Volcanes puede integrar ciudades patrimoniales, haciendas, comunidades, artesanías y aventura. Una travesía donde el paisaje se enlaza con la vida de sus habitantes: caminar entre montañas, conocer un taller y sentarse a una mesa que cuenta la historia del territorio.
La Amazonía puede articular biodiversidad, navegación y encuentro cultural. Esmeraldas y Manabí, un producto de sol playa, gastronomía y naturaleza respaldadas por inversión hotelera internacional y proveedores locales, este será un factor definitivo para generar empleo y dar oportunidad a sus habitantes. El sur del Ecuador, circuitos de patrimonio, pueblos y paisajes. Las áreas protegidas (25% de nuestro territorio) pueden sostener ecoturismo y aventura compatibles con su conservación; el cacao, el café, la cocina y los eventos pueden conectar distintas regiones.
Construir esa oferta exige inversión pública y privada: carreteras, señalización, seguridad, concesiones, conectividad aérea y digital, construcción de hoteles y alojamientos de naturaleza. También profesionales preparados y una gestión conjunta de empresarios, comunidades y autoridades. Las inversiones deben traducirse en empleo y compras locales. Cada propuesta debe responder a un público o nicho.
Allí está la diferencia entre enumerar lo que tenemos y ofrecer un producto que se puede vender. Allí está la diferencia entre enumerar lo que tenemos y ofrecer un producto que se puede vender.
Es necesario trabajar por encima de los límites provinciales y cantonales. El visitante recorre paisajes y experiencias, poco le importa quién es la autoridad de turno, las fiestas que organiza o la publicidad que hace. Necesitamos acuerdos para crear y comercializar cada macro producto como un conjunto.
Todo esto se debe complementar con una adecuada política de promoción. El Fondo de Desarrollo Turístico que existe y está financiado debe respaldar una promoción internacional continua y medible.
Solo con mejores productos tendremos un mejor turismo: negocios viables y oportunidades para la población. Tenemos el país que despierta el deseo de viajar. Nos hace falta organizarlo para que ese deseo se monetice y se convierta en desarrollo real.