Este miércoles 4 de noviembre de 2026, el Teatro Municipal de Lima fue el escenario de la ceremonia de premiación mundial de 50 Best Restaurants, la lista que desde 2002 reconoce a las cocinas más influyentes del mundo. Por primera vez en casi 25 años, la ceremonia se hizo en Latinoamérica.
No es un detalle menor: durante la mayor parte de su historia, el premio se ha entregado en Europa. Esa noche, la conversación global sobre cocina se dio en nuestra región.
Y Ecuador estuvo muy presente. Nuema, el restaurante de Alejandro Chamorro y Pía Salazar, entró en el puesto 37 de la lista, y para entender lo que eso significa, hay que mirar su camino. En 2023 se incorporó por primera vez en la lista extendida, la que va del 51 al 100, en el puesto 79. En 2024 y 2025 subió al 61. Este año cruzó la línea al grupo de los protagonistas gracias a un eje claro en su propuesta: el producto ecuatoriano y la biodiversidad de nuestra geografía servidos en platos vanguardistas con sello de autor.
Pero quiero hacer énfasis en un problema importante que ningún premio resuelve.
Ecuador tiene buen producto, no es noticia; nuestro cacao se exporta desde la época colonial y, a finales del siglo XIX, fuimos el primer exportador del mundo. Lo que sí debería ser noticia es que, más de un siglo después, gobierno tras gobierno, sin importar su ideología política, no han entendido que la gastronomía y el turismo gastronómico son un eje productivo.
Un país que necesita diversificar sus ingresos no puede seguir viendo a la cocina como un estilo de vida para un segmento específico de la sociedad. Un país que necesita diversificar sus ingresos no puede seguir viendo a la cocina como un estilo de vida para un segmento específico de la sociedad.
Y añado algo más que poca gente sabe: en Ecuador se mide cuánto gastan los turistas en alimentación, pero no sabemos cuántos vienen solo por la comida, ni qué porcentaje del total de los gastos del viaje se invirtió en la gastronomía. Sin ese dato no hay forma de justificar inversiones, diseñar estrategias ni saber si lo que hacemos funciona. Es como manejar un restaurante sin saber cuántos platos se venden.
Y ojo, esto no es descubrir el agua tibia. México tiene una política de fomento a su gastronomía desde 2015, y Argentina, un plan de turismo gastronómico desde 2016. Lo que propongo es simple, que el Estado empiece a generar cifras reales sobre lo que la gastronomía aporta a la economía del país, porque es una cadena de valor entre agricultores, pescadores, cocineros, meseros y emprendedores que trabajan todos los días.
Los premios ayudan. Este nos pone en el mapa y eso se celebra. Pero si brillamos hacia afuera y no hay luces adentro, ese destello dura lo que dura un boletín de prensa. Para que sea sostenible, tenemos que cambiar cómo pensamos en nuestra propia cocina. La gastronomía ecuatoriana no es solo una experiencia que todos quieren ofrecer y que pocos pueden pagar; es nuestra identidad, nuestro lenguaje y la forma en la que le contamos al mundo quiénes somos.