Sin embargo, las experiencias de algunas librerías y editoriales muestran que la convocatoria y la participación no necesariamente se tradujeron en condiciones satisfactorias para todos.
Sandra Araya, escritora y editora, reconoce que hubo una importante asistencia y que a su editorial le fue bien en ventas, pero cuestiona decisiones relacionadas con la distribución de los stands, la comunicación con los participantes y la concepción de la feria como un espacio principalmente comercial.
¿Hubo unidad en el sector?
La llamada “unidad del sector” fue uno de los ejes planteados por la Cámara para esta edición.
Luzuriaga aseguró que durante la preparación de la feria mantuvieron reuniones con librerías, editoriales, universidades, bibliotecas, asociaciones, autores, ilustradores, traductores y gestores culturales. La intención fue conocer qué necesitaba cada actor y trasladar esas propuestas a la programación.
"Nos sentamos con todas estas asociaciones y les dijimos: aquí vamos a construir, ¿qué necesitan ustedes para que esta feria funcione, aparte de un espacio?", explicó.
La convocatoria para participar fue abierta y pública. Luzuriaga contó que se recibieron más de 220 postulaciones y finalmente participaron alrededor de 130 expositores. Entre los criterios mencionados estuvieron la formalidad de los negocios, contar con RUC y desarrollar actividades relacionadas con el sector editorial o librero.
Sandra Araya aseguró que representantes del Viceministerio acudieron a reuniones con la Cámara Ecuatoriana del Libro para informar sobre el proceso y recoger las inquietudes de los participantes. No obstante, señaló que no se trataron de conversaciones individuales con cada librería o editorial.
Uno de los problemas, a su criterio, fue que algunas decisiones importantes se conocieron cuando el proceso ya estaba avanzado.
“Creo que esta voluntad debería mantenerse y no tomar decisiones a último rato sin consultar, porque se pueden generar malentendidos, malestares”, afirmó.
Para la escritora y editora, la comunicación entre organizadores y participantes pudo ser mejor.
Gracias a quienes nos visitaron, a los autores, expositores y aliados por dar vida a cinco días dedicados a los libros y la cultura.
¡Nos vemos en 2027!
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La distribución de los espacios generó cuestionamientos
La distribución de los stands buscó mezclar diferentes modelos de negocio. La feria ubicó librerías de cadena junto a librerías independientes, universitarias y otros participantes.
“Hubo espacio para todos y una oportunidad de negocio para todos”, señaló Luzuriaga.
El Centro de Exposiciones Quito permitió distribuir los stands en dos niveles y contar con cuatro auditorios de diferentes capacidades. Sin embargo, la ubicación de las librerías en el segundo piso fue uno de los puntos de desacuerdo entre participantes. Para Araya, el problema no radica únicamente en la existencia de dos niveles, sino en las condiciones comerciales y de circulación que pudo generar esa distribución.
La editora explicó que, durante las conversaciones previas, se había planteado que el segundo piso posiblemente no sería viable debido a que históricamente estos espacios suelen tener un menor rendimiento comercial. Por eso, dijo, la distribución final generó sorpresa cuando se envió el croquis a las librerías y editoriales que habían postulado.
Sandra Araya aclaró que no todas las librerías independientes fueron ubicadas arriba y que entiende que el espacio disponible condiciona la distribución. Pero cuestionó que un grupo económico multinacional tuviera una ubicación destacada en la planta baja frente a editoriales y librerías con una trayectoria prolongada en la gestión cultural.
La Cámara, en cambio, sostiene que la distribución buscó equilibrar la presencia de librerías grandes y pequeñas y evitar que un solo tipo de establecimiento concentrara determinados espacios. Luzuriaga explicó que el recinto fue organizado con el propósito de distribuir el flujo de público entre los diferentes participantes.
“Nos fue bien, yo no te lo voy a negar, insisto”, manifestó Araya.
Según su percepción, el espacio entre los stands resultaba corto y la concentración de personas aumentaba la incomodidad, especialmente cuando comenzó a llover, como sucedió la tarde del domingo, el último día, cuando varios stands resultaron afectados por la caída de agua en el Centro de Exposiciones Quito.
¿Un modelo que se quiere mantener?
En marzo de 2026, el Municipio de Quito anunció que no realizaría la Feria del Libro, argumentando restricciones derivadas de la reforma al Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (COOTAD). El Municipio, a través de su Secretaría de Cultura, se encargó de hacer la FIL desde 2021, tras un acuerdo con el entonces Ministerio de Cultura y Patrimonio.
Inmediatamente el Municipio hizo el anuncio, la entonces viceministra de Cultura, Romina Muñoz, anunció que el gobierno central se encargaría de la edición 2026.
Para Luzuriaga, en modelo de 2026 es la forma en que debe seguir organizándose la Feria del Libro: una que mezcle participación pública y privada, que no dependa exclusivamente a una sola institución.
La apuesta, según Luzuriaga, es que Quito pueda contar con una feria que tenga continuidad y que forme parte de un circuito internacional de encuentros editoriales.
“Es hora de replantearnos un modelo que sea perdurable para la ciudad y para el sector”, sostuvo el presidente de la Cámara del Libro.
La Feria Internacional del Libro de Quito (FILQ) 2026 es uno de los eventos culturales más importantes del país.
Eduardo Varas
La continuidad del proyecto, no obstante, también plantea el desafío de revisar las decisiones tomadas durante esta primera edición bajo el nuevo esquema. “Creo que hubo voluntad de parte de los organizadores, es decir, de la Cámara, de que las cosas salieran bien. En algún momento creo que se desoyeron ciertas cuestiones que habíamos tratado en las reuniones previas”, señaló Araya.
La editora considera que estas dificultades pueden corregirse mediante el diálogo y el cumplimiento de los acuerdos. A su criterio, plantear observaciones no significa rechazar el proyecto, sino contribuir a que las siguientes ediciones ofrezcan condiciones razonables para los diferentes participantes.
Luzuriaga señaló que la Cámara ya ha reservado el Centro de Exposiciones Quito para la edición de 2027 y que se busca mantener una fecha similar. Además, la Cámara ha empezado a contactar con anticipación a autores que no pudieron participar en 2026 debido a compromisos previamente establecidos.