El Nacional se fue de bruces a la Segunda División debido a sus monumentales deudas. Como es natural en estos casos tan dramáticos, existe un enorme llanto acompañado del urgente pedido de encontrar a los culpables de este desastre para el fútbol de Ecuador.
Sí, es necesario que se realicen todas las auditorías necesarias para hallar a los responsables de endeudar al club de los puros criollos y de llevar a la quiebra a uno de los cuadros más ganadores de la historia de Ecuador. Eso está muy bien.
¿A quién le interesa realmente salvar a El Nacional?
Pero la verdadera pregunta es: ¿a quién realmente le interesa rescatar a El Nacional? Porque la tragedia de la Máquina Gris (o Roja, según la década de preferencia) es que hace casi 20 años el club se desligó profundamente de sus raíces militares. Las Fuerzas Armadas, las de ahora, no parecen muy motivadas a hacerse cargo de este problema.
Cuando en 2007 el entonces presidente de la República Rafael Correa planteó a la tropa que los aportes al club militar fueran opcionales en lugar de obligatorios, puso la semilla de esta crisis de identidad. La gran mayoría de los soldados se negó a seguir contribuyendo con El Nacional y así se rompió la conexión del equipo con los uniformados.
Claro, Correa buscaba dos cosas con esto. Primero, sacar del camino a El Nacional del Campeonato. Recordemos que públicamente se quejó de la ventaja que recibía El Nacional por contar con esa base de los aportes. Y lo logró, porque desde 2006 la Máquina Gris dejó de ganar campeonatos y comenzó un lento declive.
Lo segundo era seducir a la tropa, a la que luego se le daría el derecho al voto tras la nueva Constitución de 2008, en un intento de Correa para congraciarse con los militares de base.
Y ahora no sabemos a quién representa El Nacional ni tampoco quién podrá hacerse cargo de salvar al club de la Segunda división, una zona fantasma de la cual es muy difícil escapar, como lo pueden contar Olmedo, Everest, Espoli y Deportivo Quito.