martes 06 de octubre de 2026
Quito

Casitagua: el frente vecinal que salió a defender su cerro de las llamas

Moradores de las faldas del Casitagua reconstruyen la historia de sus barrios, una antigua hacienda y los caminos que recorren desde hace décadas.

En pocas palabras

  • Casitagua: Moradores reconstruyen la historia de sus barrios y caminos ancestrales.
  • Incendio forestal: Afectó más de 525 hectáreas, impactando la fauna y flora local.
  • Restauración: Se prevé reforestación con participación comunitaria y uso de drones para dispersar semillas.
Resumen generado por Thinkindot AI

Silvia Romero conoció al Casitagua, en el norte de Quito, caminándolo. Llegó a Alugullá, un barrio ubicado en las faldas del cerro cuando tenía 17 años y, con el tiempoo, los senderos y quebradas que rodean su barrio dejaron de ser únicamente parte del paisaje, para convertirse en su territorio.

En las faldas del volcán extinto se asientan sectores como San Rafael de Alugullá, barrio Cuba, John F. Kennedy, San José de Pomasqui y Pusuquí. En el incendio forestal, ocurrido entre el 17 y el 20 de septiembre de 2026, los habitantes de esas zonas no se quedaron contemplándolo.

Se organizaron para combatir el fuego con palas, picos, machetes y baldes de agua. No cesaron en su trabajo hasta que el fuego se extinguió.

“En todo eso se me perdieron las herramientas. En la desesperación entregamos a los bomberos, luego ellos se movieron a otros puntos y ya quedaron por ahí”, cuenta entre risas Romero.

Moradores recorren uno de los senderos del Casitagua después del incendio. Estos caminos conectan barrios, quebradas y sitios que guardan historias transmitidas entre generaciones.

Moradores recorren uno de los senderos del Casitagua después del incendio. Estos caminos conectan barrios, quebradas y sitios que guardan historias transmitidas entre generaciones.

Nada importó con tal de salvar a “su Casitagua”. Cuando recuerda esos días sus ojos se vuelven a llenar de lágrimas. “Sabemos que tienen que pasar muchos años para que la naturaleza se regenere”, dice.

La relación de los moradores con la montaña tiene mucha historia. Los caminos que utilizaron para ingresar durante la emergencia son también los que han recorrido, limpiado y reforestado durante años. Elizabeth Romero los conoce desde niña. Ella nació en las faldas del Casitagua.

¿Cómo nacieron los barrios en las faldas del Casitagua?

Elizabeth camina por el Casitagua mientras ubica quebradas, senderos y formaciones rocosas. Según lo que le han contado los antiguos habitantes, las tierras pertenecieron a una hacienda y -en algún momento- su propietario entregó parcelas a 28 trabajadores. “El patrón les dio como liquidación. Les dio los terrenos a ellos”.

Con las parcelas llegó otro problema: los trabajadores no tenían escrituras que acreditaran la propiedad. Pero hubo una disputa por las tierras y existía el riesgo de que se las quitaran. Los moradores buscaron asesoría legal hasta encontrar a un abogado cubano. “Este abogado les ayudó a hacer sus escrituras. Por eso le dicen Cuba a ese barrio”.

De aquellos 28 trabajadores quedan tres, cuenta Elizabeth. Son ya adultos mayores. “Los que habitan estos sectores ahora son los descendientes o personas a quienes vendieron los terrenos. Son hijos y nietos los que están poblando esta zona”.

Un informe arqueológico del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) realizado en el mismo sector aporta otro dato sobre la antigua hacienda. En 2020, María Natividad Heredia, entonces de 87 años, contó a los investigadores de Tagshima que había sido huasipunguera de la hacienda ubicada en la zona y que obtuvo sus terrenos como resultado de la Reforma Agraria de 1964. Luego entregó parte de esas tierras a sus hijos.

Los senderos y leyendas del volcán

Elizabeth sigue caminando por un sendero que sube desde Pusuquí y señala. “Aquí son dos quebradas que se unen. Es la quebrada de Alugullá y la quebrada de la John F. Kennedy”.

Las aguas continúan por Alugullá y pasan por el denominado sendero de la Virgen. En el sector los moradores mantienen un canal para conducir el agua lluvia y la proveniente de un tanque. En medio del sendero se forma una fuente en la que los niños se bañan en verano.

Elizabeth Romero recorre junto a otros moradores las laderas del Casitagua. Sus relatos reconstruyen la historia de los barrios, los antiguos terrenos de hacienda y los nombres que los habitantes han dado a sus senderos.

Elizabeth Romero recorre junto a otros moradores las laderas del Casitagua. Sus relatos reconstruyen la historia de los barrios, los antiguos terrenos de hacienda y los nombres que los habitantes han dado a sus senderos.

Más adelante aparece una formación que desde cierto punto parece internarse en la montaña. Los vecinos encontraron una comparación más sencilla para identificarla. “Le vemos con el aspecto de un barco que se está hundiendo. Le pusimos el Titanic”, relata Elizabeth.

Cerca de allí está el sendero de la cueva de los duendes. Los nombres funcionan como referencias para quienes recorren el Casitagua. Algunos también arrastran historias que se han transmitido entre los habitantes.

En otra formación rocosa, Elizabeth distingue una serpiente. Debajo señala huecos que forman algo parecido a una boca y una calavera. “Dicen que donde hay una serpiente y la calavera hay muerte o hay oro”, cuenta sobre una de las leyendas del lugar.

Otra versión habla de que en esa montaña estaría escondido el tesoro de Rumiñahui. “Esto no puede morir en lo oculto, la gente debe saber lo que tenemos”, agrega Elizabeth.

El Casitagua guarda vestigios de casi 5.000 años

En el sitio arqueológico Tagshima se encontraron varios niveles de ocupación humana sepultados bajo depósitos volcánicos. A unos 5,20 metros de profundidad aparecieron restos líticos, carbón y piedras alteradas por el fuego. Las muestras fueron fechadas entre 2880 y 2580 antes de Cristo.

Las excavaciones posteriores permitieron identificar otras huellas de la vida en el lugar: estructuras construidas con postes, fogones, herramientas de piedra y obsidiana, cerámica y restos asociados a actividades domésticas.

El IMP señala que en el valle de Lulumbamba, particularmente en Pomasqui y San Antonio de Pichincha, existen pucarás, culuncos, caminos y espacios habitacionales correspondientes a diferentes períodos.

El último descubrimiento prehispánico

Después del incendio forestal, técnicos del IMP recorrieron Tagshima, barrio Cuba Alto, Radioloma y Uyachul para revisar el estado de los sitios arqueológicos.

En el barrio Cuba Alto encontraron vegetación quemada, pero no material arqueológico incinerado visible. En Radioloma, las llamas consumieron la cobertura vegetal alrededor de un culunco previamente registrado.

Técnicos inspeccionan el graderío tallado directamente en la roca que quedó visible tras el incendio del Casitagua.

Técnicos inspeccionan el graderío tallado directamente en la roca que quedó visible tras el incendio del Casitagua.

Al quedar despejada la zona apareció un tramo de graderío tallado directamente en la roca, cerca de ese antiguo sendero. El IMP señala que podría ser de la cultura Inca, aunque esa posibilidad todavía deberá ser estudiada. La institución anunció que actualizará la ficha arqueológica del sitio y ampliará el polígono destinado a su protección.

La inspección confirmó además que el Casitagua forma parte de un paisaje arqueológico más amplio, con registros de ocupaciones humanas que se remontan al período Precerámico.

El próximo paso: la reforestación

Los moradores conocen muy bien las plantas de la montaña. “Este es un espacio donde el cholán se reproduce bastantísimo”, cuenta Elizabeth mientras muestra las zonas quemadas.

Los vecinos ya reforestaban antes del incendio. Llevaban plantas capaces de resistir la sequía y quienes caminaban por los senderos colaboraban con su mantenimiento. “Todo el que pasa por aquí ayuda a mantener los arbolitos”.

En esos recorridos Elizabeth también ha visto lagartijas, quilicos, águilas, quindes y otras aves. Habla además de las abejas que encuentran refugio entre las formaciones de la montaña.

La dimensión de lo perdido por el fuego se conoció días después de la emergencia. Una evaluación de la Secretaría de Ambiente determinó que más de 525 hectáreas fueron afectadas por el fuego en el Casitagua, incluida vegetación que servía de alimento y refugio para distintas especies.

Las llamas avanzaron entre la vegetación del Casitagua durante el incendio de septiembre de 2026. Tras el fuego, el Municipio anunció un proceso de restauración con especies nativas, entre ellas el cholán.

Las llamas avanzaron entre la vegetación del Casitagua durante el incendio de septiembre de 2026. Tras el fuego, el Municipio anunció un proceso de restauración con especies nativas, entre ellas el cholán.

El Municipio de Quito anunció que esperará el fin de la época seca y que el Casitagua tendrá atención prioritaria dentro de las acciones de restauración socioecológica. El plan contempla participación comunitaria, monitoreo técnico y acompañamiento académico. En quebradas y otros puntos de difícil acceso se prevé utilizar drones para dispersar semillas.

La lista de especies previstas incluye pumamaqui, aliso, nogal, guaba, arrayán, pusupato, yalomán y precisamente el cholán.

Para Silvia y Elizabeth, la recuperación será también volver a recorrer los lugares que conocen desde hace décadas. Los mismos senderos que guardan las historias de los primeros moradores, las leyendas contadas entre generaciones y vestigios de quienes habitaron estas laderas miles de años atrás. El siguiente capítulo del Casitagua será ver cómo vuelve a crecer su vegetación después del fuego.

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