miércoles 28 de octubre de 2026
Opinión

La igualdad de género como condición: Más mujeres, mejor democracia

A pesar de los avances en la representación de mujeres en Ecuador, la igualdad en la toma de decisiones políticas aún enfrenta barreras estructurales.

Miriam Bandes Zablah
Representante de ONU Mujeres en Ecuador. Socióloga y psicóloga con menciones en Innovación para el Desarrollo y en Género y política pública. Ha trabajado en organismos internacionales relacionados con cooperación internacional, derechos humanos y educación.  

En cada proceso electoral, la ciudadanía decide quién ejercerá el poder político. Pero existe una pregunta previa que merece ser planteada: ¿Quiénes tienen realmente la oportunidad de participar en la construcción de ese poder?

La participación de las mujeres en los espacios de toma de decisión es un requisito fundamental para la calidad democrática, el desarrollo sostenible y la legitimidad de las instituciones. ONU Mujeres y la Unión Interparlamentaria han señalado que, pese a los avances registrados en las últimas décadas, las mujeres continúan subrepresentadas en prácticamente todos los niveles de toma de decisión política. En la escala global, apenas el 27,5% de los escaños parlamentarios están ocupados por mujeres.

Ecuador tiene razones para sentirse orgulloso de parte de su trayectoria, hoy se encuentra entre los países con mayores niveles de representación femenina en la región. Según datos de la Unión Interparlamentaria, las mujeres ocupan aproximadamente el 43% de los escaños de la Asamblea Nacional, una cifra superior al promedio mundial.

Sin embargo, la historia no termina en los números.

La presencia de mujeres en cargos de elección popular no significa automáticamente que se hayan eliminado las barreras estructurales que históricamente han limitado su participación. La presencia de mujeres en cargos de elección popular no significa automáticamente que se hayan eliminado las barreras estructurales que históricamente han limitado su participación.

Los estudios desarrollados por ONU Mujeres, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Consejo Nacional Electoral muestran que Ecuador aún mantiene brechas importantes para alcanzar una democracia plenamente paritaria. El Índice de Paridad Política ubica al país en 59 puntos sobre 100, evidenciando que todavía existe una distancia significativa respecto del objetivo de igualdad sustantiva.

Las desigualdades se vuelven aún más visibles cuando observamos los espacios de decisión territorial, los cargos ejecutivos o la participación de mujeres indígenas, afroecuatorianas, rurales, jóvenes y con discapacidad. En estos ámbitos persisten obstáculos vinculados a estereotipos de género, limitaciones de acceso a financiamiento, sobrecarga de trabajo de cuidados, violencia política y discriminación interseccional.

La violencia política contra las mujeres merece una atención particular. Se trata de agresiones directas, campañas de desprestigio, acoso digital, amenazas, desinformación y cuestionamientos permanentes a las capacidades de liderazgo de las mujeres por el solo hecho de ser mujeres. Estas prácticas vulneran derechos individuales; empobrecen la democracia porque desalientan la participación de nuevas lideresas, y reducen la diversidad de voces en el debate público.

En un contexto electoral como el que atraviesa Ecuador, resulta especialmente importante recordar que la participación política de las mujeres no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de cuántas son candidatas o cuántas resultan electas, sino que se debe considerar la calidad de su participación, es decir cómo influyen en las decisiones que afectan el futuro del país.

Porque la democracia consiste en que todas las personas sean parte de las decisiones colectivas. Porque la democracia consiste en que todas las personas sean parte de las decisiones colectivas.

Diversos estudios han demostrado que cuando las mujeres participan en espacios de liderazgo se amplían las agendas públicas, se fortalecen las políticas sociales, aumenta la atención a las problemáticas de cuidado, educación, salud y prevención de la violencia, y se promueven formas más inclusivas de gobernanza.

A un mes de las elecciones el país tiene la oportunidad de mirar más allá de las candidaturas y preguntarse: ¿Qué democracia desea construir para las próximas generaciones?

Una democracia sólida requiere instituciones fuertes, pero también requiere representación efectiva. Requiere que las mujeres participen no como excepción, sino como parte natural del ejercicio del poder público. La igualdad de género en la política es una condición para una democracia más robusta y capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo.

Ecuador ha demostrado que puede liderar avances históricos en la región. El desafío ahora es consolidar esos avances y garantizar que ninguna mujer quede fuera de los espacios donde se toman las decisiones que afectan la vida de toda la sociedad. Porque cuando más mujeres participan plenamente, la democracia no pierde espacio para otros. Por el contrario: gana legitimidad, gana diversidad y gana futuro, se hace una mejor democracia.

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