viernes 16 de octubre de 2026
Opinión

El mayor enemigo de una marca no es la competencia

El principal desafío para una marca no es la competencia, sino lograr que el consumidor elija su producto frente a otras opciones.

Esteban Ante
Consultor estratégico y analista de retail, consumo masivo y trade marketing. A través de su trabajo asesora a empresas en negociación comercial, expansión y crecimiento sostenible. Como fundador de Trade Hub y conductor de TradeCast, sigue de cerca las tendencias, innovaciones y cambios que están redefiniendo el comercio en América Latina.

Existe una escena que se repite una y otra vez en el mundo del consumo masivo.

Una empresa logra ingresar a una cadena de supermercados. La negociación fue exitosa, el producto fue codificado y la primera orden de compra llega finalmente después de meses de reuniones, presentaciones y gestiones comerciales. ¡Hay que celebrarlo!

El problema es que muchas compañías confunden ese momento con la meta, cuando en realidad apenas representa el punto de partida.

Durante años he visto a emprendedores y empresas soñar con entrar a una cadena de supermercados y, cuando finalmente lo logran, invierten muy poco para mantenerse y crecer dentro de ella. Se enfocan obsesivamente en el sell in (la venta que se le hace al supermercado), pero descuidan el sell out (la venta que el supermercado realiza al shopper). Es decir, concentran sus esfuerzos en venderle al supermercado, cuando deberían enfocarse en lograr que el shopper compre su producto.

La consecuencia suele ser predecible. El producto llega a la percha, pero nadie monitorea su rotación. No se evalúa si el surtido es el adecuado, no se analiza la ejecución en el punto de venta, no se verifica la disponibilidad, no se generan actividades que impulsen la prueba del producto y tampoco se revisa si la exhibición está contribuyendo a generar visibilidad y conversión.

En muchos casos, las empresas ni siquiera cuentan con una estrategia sólida para impulsar la rotación de sus productos. Y cuando existe una intención estratégica, se queda en el papel.

Las cadenas de supermercados no compran productos para almacenarlos indefinidamente, compran marcas que generen rotación. Si un producto no sale de la percha, tarde o temprano pierde relevancia y ninguna negociación previa será suficiente para sostenerlo.

Lo preocupante es que muchas empresas siguen midiendo su éxito por las órdenes de compra que reciben y no por la velocidad con la que sus productos llegan a los consumidores. Lo preocupante es que muchas empresas siguen midiendo su éxito por las órdenes de compra que reciben y no por la velocidad con la que sus productos llegan a los consumidores.

El sell in genera facturación, el sell out genera sostenibilidad. La diferencia parece sutil, pero es fundamental.

Una primera orden de compra puede conseguirse gracias a una buena negociación. La segunda, la tercera y la cuarta dependerán de la capacidad de la marca para demostrar que existe una demanda real y una rotación sostenida.

En mercados cada vez más competitivos, el acceso a una cadena ya no constituye una ventaja diferencial. Lo realmente difícil es lograr que el consumidor elija una marca entre las decenas de alternativas que tiene a pocos centímetros de distancia.

Quizás por eso muchas compañías siguen preguntándose cómo entrar a los supermercados, cuando la pregunta más importante debería ser otra: ¿Qué estamos haciendo para que nuestro producto salga de ellos?

Porque conseguir espacio en la percha es una negociación y mantenerse en la percha es una disciplina. Pero crecer en la percha es el resultado de una estrategia que convierte distribución en rotación.

Al final, las marcas no crecen porque lograron entrar en una cadena, crecen porque lograron salir de ella, una y otra vez, a través de las compras de los consumidores.

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