miércoles 07 de octubre de 2026
Documentales

Los EDOC: 25 años no son poca cosa para un festival de cine

El festival Encuentros del Otro Cine cierra su edición número 25 años con la responsabilidad de acercar al Ecuador al cine documental.

En pocas palabras

  • EDOC: El festival Encuentros del Otro Cine cerró su edición 25, acercando el cine documental a Ecuador.
  • Orígenes: Nacido de la iniciativa de ocho amigos apasionados por el cine documental en 2002.
  • Sostenibilidad: A pesar de las dificultades de financiamiento y políticas culturales inestables, el festival se mantiene vivo.
Resumen generado por Thinkindot AI

La edición número 25 de los EDOC llegó a su fin. Fueron más de 70 documentales, entre largos y cortometrajes, que se pudieron ver en ocho pantallas de Quito; en Guayaquil, este festival de cine terminará mañana, 8 de octubre. Un cuarto de siglo no es poca cosa.

Porque hay una relación fuerte entre los EDOC y su público. Jóvenes que no nacían todavía en 2002 asistieron a las funciones, adultos que han ido anualmente no han faltado a las citas; padres e hijos, amigos y amigas no dejaron de ver las películas.

Los Encuentros del Otro Cine son un punto de encuentro y fue así como se iniciaron.

Primera escena

La historia de 25 años de los EDOC empieza con un grupo de amigos con ganas de hacer algo: tener un cine o armar un festival de cine. Ocho personas con edades que promediaban los 30, algunas eran pareja, la mayoría había vivido fuera del país por estudios, había hecho documentales, y al volver a instalarse en Ecuador, algo tenía que pasar y pasó.

Lisandra Rivera, actual directora de los EDOC, es parte de ese relato y es quizás quien más empujaba para hacer el festival, sobre todo por su pasión por el documental.

Venía de hacer con Manolo Sarmiento la película ‘Problemas personales’ —sobre la migración ecuatoriana a España, a inicios de siglo—, así que los dos fueron el motor. La inquietud se transmitió a Mayfe Troya, Ramiro Noriega, François ‘Coco’ Laso, Juan Martín Cueva —que ya venía de dirigir su documental ‘El lugar donde se juntan los polos’—, Isabel Iturralde y Francisca Romeo. Eso bastó.

—Hay un inicio mítico —dice François ‘Coco’ Laso desde su oficina en el parque Itchimbía, en Quito—, que no sé si es real o no, pero es sobre un encuentro que tienen el Manolo, la Lisandra con el Juan Martín y la Pancha en España y de esa conversación se empieza a dibujar el posible festival.

—Yo no sé muy bien cuál fue la inspiración o la motivación, pero ese fue un poco el origen —cuenta Manolo Sarmiento por videollamada, desde Guayaquil —. Es como que se dio ahí una confluencia de amistades, de complicidades y nos reunimos muchas veces a conversar y a planificar.

Público asistente a una de las funciones de los EDOC, en Quito, en Sala Sur de la Flacso, el 26 de septiembre de 2026. / Foto: Cortesía de Cinememoria.

Público asistente a una de las funciones de los EDOC, en Quito, en Sala Sur de la Flacso, el 26 de septiembre de 2026. / Foto: Cortesía de Cinememoria.

En estas reuniones se concretó el proyecto y se escribió el documento con el que los amigos ganaron dos fondos de la cooperación internacional: uno de la Fundación Hivos, de Países Bajos, y otro fue una ayuda que ofrece el Festival de Cine de Ámsterdam, el IDFA, a través del

Jan Vrijman Fund. Esto fue de gran ayuda para crear la Corporación Cinememoria, en 2001 y es a través de ella que los EDOC existen año tras año.

Con funciones bien definidas y divididas entre ellos —promoción, selección de filmes, trabajo con medios, estableciendo contactos con cineastas de otros países— esa primera edición de los EDOC, en mayo de 2002, significó que, durante cinco días, en cines de Quito, Cuenca y Guayaquil, 10 mil espectadores pudieran ver ocho películas documentales.

—Éramos ocho amigos que nos sentamos a decir: hagamos el festival —recuerda Lisandra Rivera en las oficinas de Cinememoria, al norte de Quito—. Y eso está bien a esa edad, porque en el primer año ninguno ganó un centavo. Con el fondo recibido tuvimos una solidez operativa por 10 años, porque parte era para la operatividad y otra para el festival; es decir, pudimos tener un lugar para trabajar y pudimos comprar una computadora.

Fueron momentos intensos, de trabajo duro, y de recibir financiamiento bajo la idea de que apoyar a la cultura es apoyar el desarrollo. Hoy eso ha cambiado, es complejo mantener el festival, que se ha seguido haciendo a pesar de todo. “Hoy el discurso es: te doy dinero a cambio de…”, sintetiza Rivera, como la constante que deben enfrentar.

Dos décadas y media de películas e ideas

En 25 años, los EDOC —sobre todo en la época de bonanza, ligada al apoyo estatal durante el tiempo de presupuestos altos para la inversión en cultura— se desarrollaron en sedes en varias ciudades del país y ha contado con la visita de realizadores importantes dentro del circuito de cine documental mundial, como Albert Maysles, el recientemente fallecido Patricio Guzmán, Ross McElwee, Lourdes Portillo, Ignacio Agüero, Javier Corcuera y Mercedes Moncada, entre otros.

Incluso, durante la pandemia, los EDOC se realizaron de forma virtual durante dos ediciones. Cambiaron, pero no se detuvieron.

En sus carteleras se han cruzado filmes importantes como ‘No other land’, de Basel Adra, Hamdan Ballal, Yuval Abraham y Rachel Szor —sobre la destrucción de Masafer Yatta, una comunidad palestina de la Cisjordania ocupada, por parte de fuerzas israelíes—, ‘Citizenfour’, de Laura Poitras —acerca de Edward Snowden y la revelación del espionaje de la NSA a ciudadanos, dentro y fuera de Estados Unidos—.

También ‘Crude’, de Joe Berlinger —sobre la acción civil de pueblos amazónicos ecuatorianos en contra de Chevron—, ‘Nostalgia de la luz’, de Patricio Guzmán —enfocado en el desierto de Atacama en Chile: el lugar donde se puede ver de mejor manera hacia el espacio y el que descansan los restos de disidentes y prisioneros políticos asesinados— y otros.

En la edición 2026, destacaron películas como la ecuatoriana ‘Nosotras’, de Priscilla Aguirre, y ‘Un zorro bajo la luna rosa’, de Mehrdad Oskouei.

—Los EDOC tienen un compromiso para que la gente tenga ganas de ir a una sala de cine a tener una experiencia de un cine que de por sí es comprometido —dice Rivera. Para ella, las películas documentales se defienden por sí solas y es importante verlas en salas de cine —. Son películas que no son mainstream, son diferentes, te interpelan.

Esa idea es fundamental para seguir haciendo el festival. Hay mucho de satisfacción y de compromiso: “Yo sé que los EDOC han sido responsables de que se haga más cine documental en el país”, sintetiza Lisandra.

Alfredo Mora Manzano fue parte del festival por 16 años, incluso dirigió algunas ediciones y él profundiza la idea de la relación del cine documental en Ecuador y los EDOC. Para él, ya existía un movimiento fuerte de este tipo de filmes en el país, influenciado por el cine social y lo que los movimientos políticos de los años 70 generaban en la región.

—Los EDOC se crean porque en Ecuador había mucho cine documental y al mismo tiempo, los EDOC se convierten en el motor para que avance el cine documental en Ecuador luego. Entonces, creo que hay una dinámica que es súper interesante y enriquecedora —dice Mora.

La lucha por seguir adelante con los EDOC

Un asistente a los EDOC revisa el catálogo de la edición 2026. / Foto: Cortesía Cinememoria

Un asistente a los EDOC revisa el catálogo de la edición 2026. / Foto: Cortesía Cinememoria

En cualquier otro país, que un festival de cine cumpla 25 años, sería motivo de celebración en muchos niveles, públicos y privados. Pero en el caso de los EDOC, da la impresión que es un tema de supervivencia.

—En Ecuador es muy difícil mantener un festival porque las políticas culturales son demasiado inestables y varían mucho. Es cierto que durante el gobierno de Correa, en la época del boom petrolero, había dinero para la cultura y fue superpositivo que varias organizaciones recibiéramos subvenciones —recuerda Sarmiento; sin embargo, fue en esa misma época en que esos fondos empezaron a decrecer —. Pero tan pronto hubo el primer quiebre de ingresos en el Estado, lo primero que se afectó fue eso: Erika Silva —ministra de Cultura entre 2010 y 2013— suprimió el sistema de festivales, lo que nos obligó a hacer crowdfunding.

—Digamos que hemos sobrevivido porque tenemos algunos auspiciantes y organizaciones que siguen creyendo en nosotros. Apoyos que nos sostienen, pero también nos autogestionamos. Con la taquilla pagamos parte de los costos porque no tenemos ganancias, todo lo que ingresa lo gastamos —cuenta Rivera.

Para Alfredo Mora este problema de financiamiento sucede porque desde la institucionalidad que financia la cultura en el país se buscan números medibles para justificar la inversión: “Existen muchos legados culturales que vienen de este tipo de eventos, de festivales o de las ferias de libro que son intangibles. La enorme ganancia en el panorama cultural de un país que te trae un evento como los EDOC no se puede medir de manera tangible. Se siente a través de directores de cine que decían: Yo venía a ver películas acá y me di cuenta que quería hacer documentales”.

Los EDOC continúan, se mantienen con vida porque se la juegan por otro cine, por películas documentales en varias categorías, que remueven y golpean. Pero hay algo más concreto para François Laso, dos hechos como gestos definitivos. El primero es claro: “Este es un lugar de encuentro de gente a la que nos gusta el cine y nos juntamos a comentar las películas, tomando un café, con amigos o con gente que recién conocemos. Es una comunidad que quiere conocerse entre sí y eso es muy bello”.

¿Y el segundo? “Está la necesidad de ver otro mundo, de conocer un cine que, si bien nos gusta, puede ser a ratos doloroso, pero nos permite escuchar a otros”, cierra Laso, como la mejor manera de resumir lo que ha pasado en este festival durante 25 años.

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