El menú era sencillo: maduro frito con queso manaba rallado. Después de hacer las tareas, al pequeño Julio Jaramillo le gustaba especialmente Batman, la serie protagonizada por Adam West. “Le encantaba verla conmigo. Entonces, ese era el snack para la tarde. Maduro frito, más guayaco que eso no se puede", recuerda.
La última conversación con el Ruiseñor de América
Cuando Julio Jaramillo Arroyo, de 55 años, habla de los últimos días de su padre, sus recuerdos vuelven a una habitación de hospital, de nuevo, viendo televisión. El cantante se encontraba sentado sobre una cama.
Tenía en la mano una gelatina, en la pantalla aparecía Scooby-Doo. Fue un intercambio breve, con el lenguaje familiar y el humor que su hijo todavía recuerda.
- “Oye, cojudo, ¿quieres la gelatina?”, le preguntó su padre.
- “Pasa para acá”, respondió el niño.
Esa fue la última vez que vería consciente a su padre. "O sea, son los recuerdos bonitos, los recuerdos íntimos. Esa fue la última vez que lo vi”, relata.
Después hubo otro encuentro, el Ruiseñor de América estaba muy grave, necesitaba oxígeno y casi no podía hablar. Su hijo había sufrido recientemente una caída que le dejó una cicatriz. Pese a su estado, el cantante se percató de la herida y, mediante un gesto, preguntó qué había ocurrido.
Su madre intentó tranquilizarlo. “El niño se cayó, mi amor, no te preocupes, eso se le sana”, le respondió Nancy Arroyo.
Se enteró de la muerte de su padre por televisión
Julio Jaramillo murió el 9 de febrero de 1978, cuando su hijo estaba por cumplir ocho años. El niño no recibió la noticia de boca de su madre ni de otro familiar. Estaba viendo caricaturas cuando apareció la noticia de que su padre había fallecido. “Me enteré que él había muerto por televisión”, cuenta.
Su madre atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida. Según recuerda, estaba tan afectada por la pérdida que nadie había logrado comunicarle al pequeño lo ocurrido. “Mi mamá, la verdad, estaba, cuando él murió, destrozada, fuera de sí”.
El niño que acostumbraba compartir la televisión con su padre recibió, a través de esa misma pantalla, la noticia de que ya no volvería a verlo.
“Era mi papi”: más allá de la leyenda
Julio Jaramillo Arroyo reconoce que sus recuerdos corresponden a una etapa muy temprana de su vida. “Como son recuerdos muy preciados, yo siempre los hidrato, por decirlo de alguna manera, los mantengo vivos”, explicó.
Es una forma de regresar a aquellas tardes, a las conversaciones y a los pequeños gestos que compartieron. Su padre fue una figura admirada por generaciones, pero Julio prefiere hablar de él desde su relación paterna.
“Papá, o sea, más allá de que sea la megaestrella latinoamericana que fue, que es y que será, siempre, era mi papi. Lo recuerdo así”.
El legado de Julio Jaramillo tiene para su hijo dos dimensiones: la del artista que marcó la historia musical del continente y la del padre al que conoció durante sus primeros años de vida.
¿Quién es Julio Jaramillo Arroyo?
La música terminó convirtiéndose en la profesión de Julio Jaramillo Arroyo, aunque ese no era su plan inicial. De hecho, quería estudiar cocina y convertirse en chef, una inclinación que terminó cediendo ante la insistencia de su abuela Mariela.
Fue ella quien decidió que debía ingresar al conservatorio. No quería verlo pasar todo el día frente a la televisión. “Yo soy un músico académico. Yo entré al conservatorio por exigencias de mi abuela Mariela, me lo ordenó”, recuerda entre risas.
Lo que inicialmente fue una decisión impuesta por su abuela se convirtió en un camino académico para toda la vida. Al terminar sus estudios, obtuvo una titulación en artes con formación en guitarra clásica y canto.
Julio Jaramillo con su hijo y su esposa Nancy Arroyo, en los setentas.
Facebook Julio Jaramillo Arroyo
Pero su deseo de dedicarse a la cocina no había desaparecido. Cuando tuvo la oportunidad de continuar sus estudios superiores mediante una beca de música, su abuela volvió a intervenir. “Se supone que yo iba a ir a estudiar cocina, yo quería ser chef, pero como me habían dado una beca para estudiar en la universidad, en superior, en música, mi abuela se negó a pagarme la escuela de cocina”, relató.
Su formación musical comenzó en Caracas, Venezuela, donde se graduó. Posteriormente viajó a Los Ángeles, Estados Unidos, para realizar pasantías y continuar su preparación. De esa manera, el hijo de Julio Jaramillo terminó construyendo su propio camino dentro de la música, aunque no necesariamente desde los escenarios ni siguiendo la trayectoria artística de su padre.
Julio Jaramillo Arroyo es profesor. Aunque lleva el nombre de uno de los cantantes más importantes de Ecuador, su trabajo está relacionado con distintas áreas de la creación y la enseñanza musical. “Doy clases, hago música para cortometrajes y animaciones, hago arreglos para otros artistas, he compuesto alguna canción para algún artista”, detalla.
También menciona la actuación como parte de sus intereses artísticos. “Mi vida es la música, el arte y la actuación”, expresa.
¿Cómo ha sido llevar el legado de Julio Jaramillo?
Compartir el nombre y el apellido del Ruiseñor de América también supone convivir con las comparaciones y las expectativas que genera su figura. Julio Jaramillo Arroyo no desconoce la dimensión artística de su padre. Al contrario, habla de él con admiración. “Papá era un genio, era un genio. Tenía una técnica vocal increíble y tenía un talento impresionante”, afirma.
Pero también reconoce que su formación y sus capacidades musicales son distintas. “Es algo que yo no tengo, no tengo ese tipo de talento, pero ahí vamos, ahí le vamos echando ganas”.
Llevar a cuestas el legado del Ruiseñor de América es el reto que atravesó su vida. “Es maravilloso, es muy esforzado para una persona como yo, pero es muy maravilloso”.
Cuando regresa a sus recuerdos más antiguos, no habla de técnicas vocales, conciertos ni grabaciones. Vuelve a una cocina, a un plato de maduro frito con queso y a un televisor encendido.
Para el mundo fue el Ruiseñor de América. Para Julio Jaramillo Arroyo, antes que cualquier otra cosa, fue "su papi".