jueves 15 de octubre de 2026
Concierto

Iron Maiden en Quito: la intensidad del heavy metal a veces le lanza humo a Bruce Dickinson en la cara

El Olímpico Atahualpa recibió a Iron Maiden el 14 de octubre de 2026: más que un concierto, fue una comunión... excepto para quienes encendieron bengalas.

En pocas palabras

  • Iron Maiden: El grupo inglés brindó un concierto en Quito el 14 de octubre de 2026, enfrentando la interrupción de bengalas.
  • Bruce Dickinson: El vocalista solicitó repetidamente el cese de las bengalas debido al humo que afectaba su garganta y la visibilidad.
  • The Raven Age: La banda telonera, liderada por el hijo de Steve Harris, abrió el show con su propuesta de heavy metal moderno.
Resumen generado por Thinkindot AI

Iron Maiden en Quito: A veces tus aliados parecen estar en tu contra y al menos tres veces tuvo que decir algo Bruce Dickinson, el cantante de los ingleses Iron Maiden, para que dejaran de encender bengalas en pleno show que el grupo dio la noche de ayer, 14 de octubre de 2026, en el Estadio Olímpico Atahualpa, en Quito.

Es probable que no les haya importado el pedido de Dickinson o que, puntualmente, no entendieran nada de lo que les dijo porque no es requisito saber inglés para disfrutar de canciones en inglés. Lo cierto es que, por lo bajo, siete veces se encendieron bengalas en diversos puntos del estadio, a pesar de que el cantante del grupo dijo que el humo que producían llegaba al escenario y le afectaba a la garganta, su instrumento.

Uno fundamentalmente privilegiado. Porque Dickinson, así como el resto de sus compañeros de banda, está por los 68 años y no solo canta con la misma fuerza e intensidad de hace cuatro décadas, sino que es capaz de mantener a un público en sus manos durante las casi dos horas de concierto, ya sea por lo que consigue con su voz como por el compromiso con la teatralidad en su figura como 'frontman'. Dickinson no canta, está representando personajes mientras lo hace y es una especie de divinidad sobre el escenario.

La situación con las bengalas llegó a momentos de tensión sobre el escenario y entre el público. Durante dos ocasiones, Dickinson desapareció tras la puesta en escena y cantó un rato tras bambalinas para que el humo se disipara, algo que durante 'The Trooper' fue un problema porque menos Dickinson sobre la tarima es disfrutar menos del concierto. Entre los asistentes, hubo golpes: algunas personas persiguieron y atacaron a quienes encendían bengalas cerca de ellos, obligándolas a apagarlas o a huir despavoridos. Miembros de los equipos de seguridad que custodiaban la zona también circulaban de un lugar a otro para localizar a quienes las encendían.

Steve Harris, bajista de Iron Maiden, en Quito. / Foto: Cortesía / Carlos Zurita

Steve Harris, bajista de Iron Maiden, en Quito. / Foto: Cortesía / Carlos Zurita

Pero igual, se prendían, en tonos rojos y verdes, y el espectáculo siguió. En algún punto, Bruce Dickinson debió sentir que era una pelea que no iba a ganar y que, en definitiva, todo lo que el heavy metal representa, esa rebeldía e inconformidad, le estaba gritando a la cara lo que él mismo cantaba. A veces no hay mucho que hacer.

La banda del hijo de Steve Harris abrió el concierto

A las 19:20, como estaba planificado, salió a escena The Raven Age, la banda de heavy metal formada en 2009, en Londres, por George Harris, hijo del bajista y jefe supremo de Iron Maiden, Steve Harris. Si bien el primer detalle de esto es reconocer el gesto de nepotismo, incluso en el terreno del rock, The Raven Age es una agrupación que suena con tanta fuerza, que fue el anticipo preciso para lo que iba a pasar después.

Con ocho canciones en su setlist, el grupo mostró lo que es el sonido del metal del siglo XXI: riffs que le deben todo a Slipknot —Harris en la guitarra rítmica parece enflaquecer con lo que Tommy Gentry hace como guitarrista líder—, solos que recuerdan al trabajo melódico de Iron Maiden, una base rítmica poderosa con Matt Cox en el bajo y Jai Patel en la batería —Cox debe ser el jugador más importante del conjunto porque no solo toca como una aplanadora sino que hace las voces altas en los coros y los gruñidos— y un vocalista como Matt James, que no solo canta bien, sino que recuerda a los cantantes clásicos del metal de los 80, que trató de conectar con el público, sin necesidad de desgastarse sobre el escenario.

Lo de The Raven Age fue bien recibido por el público y duró lo suficiente como para que no fuera un problema para la llegada del show estelar.

Iron Maiden saltó al escenario y se lo comió todo

Adrian Smith y Dave Murray, de Iron Maiden, en Quito. / Foto: Cortesía / Carlos Zurita.

Adrian Smith y Dave Murray, de Iron Maiden, en Quito. / Foto: Cortesía / Carlos Zurita.

Un poco antes de las 21:00, se apagaron las luces y sonó la grabación de 'Doctor Doctor', de UFO, lo que arrancó el viaje. Como ha pasado en toda la gira 'Run for your lives', que celebra los 50 años de la agrupación, el resto de las canciones siguieron al pie de la letra lo que ha venido sucediendo en el resto de casi 70 shows que han dado en varios países. Más que no haber novedad, Maiden fue a lo seguro, un disparo preciso a los fanáticos que se dejaron llevar por la totalidad de las canciones.

Incluso épicas como 'Rime of the Ancient Mariner', del disco de 1984, 'Powerslave', tuvieron un espacio a pesar de sus 15 minutos de duración. Nada decayó en ese sentido, porque los músicos, con toda la experiencia que tienen, saben cómo mantener la atención de su público. Y no bien se acabó ese tema, el baterista Simon Dawson —quizás lo único lamentable de esta gira es que el gran Nicko McBrain está retirado de los shows en vivo, pero sigue siendo parte del grupo— marcó el conteo para que inicie 'Run to the hills'. De eso que suena a metal progresivo, a una canción larga con varias partes, arreglos y emociones en su sonido, la banda saltó a lo más cercano al pop que tienen: nadie no puede no cantar el coro de 'Run to the hills' a los gritos, como pasó en el Olímpico Atahualpa.

El recorrido por los 50 años del grupo y que se enfoca en sus primeros nueve discos de estudio, le hizo mucha justicia al movimiento que Iron Maiden ha ido teniendo como banda. De los dos primeros álbumes, con el cantante Paul Di'Anno, sonaron al menos seis temas en el show, con ese espíritu casi punk que tenía Iron Maiden en sus inicios, mucho más inmediato y agresivo. De ahí, el camino que siguió el concierto fue el de mostrar la versatilidad del grupo dentro del heavy metal, que se corresponde con la llegada de Dickinson para ser el cantante, lo que le abrió otras posibilidades a la agrupación.

Steve Harris se sigue vistiendo con bermudas oscuras y tocando el bajo moviendo los dedos sobre las cuerdas como si estuviera siendo electrocutado. Después de él, el integrante que ha estado en toda la historia del grupo es Dave Murray, el guitarrista líder que demostró cómo la precisión y el espíritu bluesero funcionan muy bien para este tipo de música. Adrian Smith, que está en la banda desde el segundo disco —y que entre 1990 y 1999 estuvo fuera— no solo que es un gran guitarrista, sino que le ha regalado a Maiden sus mejores composiciones y ahí, sobre el escenario, con su clásica bufanda roja, tocó como si solo existiera para la guitarra.

Janick Gers en Quito, en el Estadio Olímpico Atahualpa. / Foto: Cortesía / Carlos Zurita

Janick Gers en Quito, en el Estadio Olímpico Atahualpa. / Foto: Cortesía / Carlos Zurita

Pero si se trata de celebrar a alguien, este es Janick Gers, el tercer guitarrista del grupo. Si bien esta gira se ha enfocado en toda una trayectoria en la que él casi nunca estuvo —él ingresó en reemplazo de Adrian Smith, y participó en el disco 'Fear of the dark', el noveno de Iron Maiden—, su presencia sobre escena es importante. Gers es el heavy metal corporizado, no solo por esa forma desfachatada de tocar, de moverse casi como si bailara o irrespetara al instrumento para sacárselo de encima y ondearlo como bandera. Gers nunca para, si se mantiene joven es porque se alimenta del heavy metal y porque no hay nada que se tenga que respetar al darlo todo. En muchos momentos, su contacto con compañeros de banda, es lo que generaba sonrisas en ellos.

17 temas después, con el cierre de 'Wasted years', llegó el momento de la despedida.

La última palabra la tuvo Dickinson. Agradeció a la gente que estuvo en el Estadio Olímpico Atahualpa y deseó que tuviera una larga vida, dijo que genuinamente lo deseaba. "Pero a los de las bengalas —se detuvo un segundo antes de terminar la frase—: ¡Espero que se pudran en el infierno!". Y nunca existió un mejor cierre para un concierto de heavy metal.

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