jueves 15 de octubre de 2026
Opinión

La escuela, una caja de colores

La escuela es un reflejo de la sociedad, un crisol de culturas y orígenes donde cada niño y joven escribe su propia historia de crecimiento.

Luiza Daniela Miño
Consultora educativa y especialista en Políticas Educativas (UTDT). Escribe sobre las decisiones que atraviesan la educación, el papel de sus distintos actores y los desafíos de construir una educación de calidad con enfoque de derechos.   Twitter/X: LuizaMino Instagram: luizadanielamino

¿Qué es lo que imaginas cuando escuchas la palabra “escuela”? Hay quienes piensan en una caja negra, para otros es una memoria lejana, mientras que para otras personas es una caja de colores y risas, un lugar mágico, un lugar deseado para vivir miles de aventuras.

Si miras con atención a una escuela, tú también podrás observar que sus colores son el café medio verdoso que se produce al mezclar todas las plastilinas; el rosado encendido como Barbie que encuentras en mochilas, loncheras y cartucheras. Es el azul dorado y el blanco y rojo de las camisetas de fútbol; es el verde Hulk que tienen los pantalones después del recreo; es el celeste cuando no hay una sola nube en el cielo y todo es diversión y mucho juego.

La escuela es naranja, el color de alegría y energía que ponen las profes. Es el amarillo color resbaladera y el caucho negro de las llantas en el área de juegos; son también los columpios, el piso, las pistas para correr. Es el azul y el blanco de los uniformes, los mandiles y los esferos. Es el gris del lápiz y el turquesa que decora las carteleras. Es el café claro de los corchos, que contrastan con el verde o blanco de las pizarras. También es el rojo cariño que, con corazones y abrazos, permite expresar afecto o admiración, y es el rojo corrección que marca errores, esas calificaciones que dan paso a volver a empezar.

También hay grises y azules profundos porque tanto docentes como estudiantes cargan sus cruces. Hay dolores y temores que vienen de la casa, de la calle o desde la misma clase, dolores que se sientan en el pupitre a luchar contra los números y letras que desean transformarse en conocimientos y experiencias en los estudiantes.

La escuela no es solo una caja, es una máquina. Es una tecnología con un tiempo fijo, horarios, días de asistencia, recesos marcados; tiene sus propios ritmos, viene en diferentes formas, tamaños y bajo distintas miradas pedagógicas. No es un espacio hermético, sino que lo atraviesa lo que sucede fuera de ella, cada problema económico, político, ambiental y social permean sus muros para decir dónde, cómo y qué debemos aprender.

La escuela es una máquina que forma, fortalece y entrega a la sociedad ciudadanos aptos para trabajar y respetar los derechos humanos. La escuela es una máquina que forma, fortalece y entrega a la sociedad ciudadanos aptos para trabajar y respetar los derechos humanos.

Entre colores y ritmos no podemos olvidar lo más importante, la escuela es un espacio vivo, habitado por estudiantes, docentes, directores de escuela, personal de apoyo, padres y madres de familia. Por ello, pensar en la escuela como un espacio democrático de convivencia, es reconocer que las personas, cada año, eligen una institución en función de sus diversos orígenes étnicos, geográficos y culturales que se transmiten de una generación a otra y que son parte de la misma sociedad.

Hoy me quedo aquí, en la magia que tienen los docentes, en la mística de su labor, en las risas infinitas de los guaguas, en las aventuras y desventuras de descubrir conocimientos y talentos. En las oportunidades y vidas que cambian con una caja de colores. Tú ¿en qué piensas cuando escuchas la palabra “escuela”?

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