domingo 11 de octubre de 2026
Opinión

Narcotráfico y geopolítica: ¿cómo se vive esa relación en Ecuador y el mundo?

La geopolítica del narcotráfico en Ecuador es inequitativa, ya que solo entre el 10% y 15% de las ganancias permanece en países productores y de tránsito.

La relación entre narcotráfico y geopolítica es compleja, profunda, pero no por ello poco interesante. En el marco del denominado Escudos de las Américas, esto debería constituirse en un tema central de debate, dado el ecosistema criminógeno que ha generado el tráfico de cocaína en el país.

Para nadie es desconocido el poder político del narcotráfico. En algunas zonas, barrios, rutas fluviales, puertos, y carreteras, el poder del narco disputa el control con bandas rivales e incluso desplaza al mismo Estado en el monopolio de la violencia. Los grupos criminales dictan reglas que regulan la vida social de sus habitantes, cobran impuestos e incluso proveen servicios básicos a la población, lo que les permite determinar la configuración de nuevas fronteras y límites territoriales.

Este poder les hace ganar influencia en las instituciones y en la sociedad, a través de la seducción del dinero, la corrupción y la intimidación. Y ni hablar de su infiltración comercial y cultural a través de medios digitales que claramente son otra forma de entender la geopolítica del narco.

El narcotráfico opera también como un commodity, siguiendo la lógica económica centro-periferia.

La geopolítica crítica evidencia la inequidad global, pues solo del 10% al 15% de las ganancias permanece en los países productores y de tránsito primario. La geopolítica crítica evidencia la inequidad global, pues solo del 10% al 15% de las ganancias permanece en los países productores y de tránsito primario.

Surge la pregunta, ¿quiénes se benefician realmente y dónde se concentra mayormente el reparto de la riqueza? Más allá de obtener una respuesta, se puede vislumbrar el atractivo estratégico del Ecuador para diversos grupos criminales transnacionales. La cocaína es una de las principales economías criminales del mundo, si no la mayor.

El narcotráfico financia también al terrorismo y se conecta con el tráfico de armas y el lavado; por eso, paradójicamente, se dice que inundar mercados de cocaína implica también armar los territorios locales. Por más que muchos crean que en la confrontación al narcotráfico las armas son necesarias e inevitables, en términos económicos no es más que un equilibrio de la balanza comercial criminal.

¿Y qué hablar del dinero que fluye masivamente a través del sistema financiero internacional y paraísos fiscales, entrelazando la economía global formal con la informal? Cuando se pregunte qué hacían ciertos lideres criminales extraditados desde Dubái, ahí está la respuesta.

La "guerra contra las drogas" opera además como herramienta diplomática de potencias para intervenir, condicionar ayuda, desplegar militares e influir en la seguridad de Latinoamérica. Aunque se justificaba por el alto consumo en países desarrollados, esta estrategia pierde claridad ante la estabilización de la demanda de cocaína en Estados Unidos y el surgimiento de crisis por drogas sintéticas como el fentanilo, las cuales imponen una dinámica geopolítica distinta.

Esta situación se esclarece cuando el narcotráfico se enmarca en un complejo escenario geopolítico global, por la influencia China, en el que Ecuador y sus países vecinos son piezas del ajedrez de un juego a otra escala de complejidad. Compensar las asimetrías tecnológicas, financieras y operativas para el control antidrogas son claramente elementos necesarios, determinantes y, para algunos, un tema embriagador.

No obstante, es fundamental ampliar la mirada geopolítica, si se pretende mantener autonomía relativa en términos de política exterior, acceder a mejores recursos de cooperación, ampliar las capacidades operativas del Estado y compensar los costos directos e indirectos de este tipo de política a escala local e internacional.

Esto sí es cuestión de soberanía.

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