Guerra avisada no mata soldado, dice el refrán, y es verdad que todo el mundo, sobre todo en Colombia, estaba advertido de que Abelardo de la Espriella, una vez que se sentara en el sillón presidencial de la Casa de Nariño, daría rienda a su promesa de "destripar" a la izquierda.
Sí, usó la terrible palabra "destripar" en la campaña presidencial en un país traumatizado por la violencia política, aunque luego aclaró que era retórico, simbólico, no físico. Y en ese plano, el de los símbolos, Abelardo de la Espriella ha desatado su guerra contra la izquierda y de un modo tan hostil que ya hay protestas en las calles.
Por supuesto y como es habitual en América Latina cuando los presidentes de la llamada extrema derecha asumen el cargo, los manifestantes profesionales brotan en las calles. Pero De la Espriella, que aún no llega a los 100 días en el cargo, ha ido con todo en su cruzada contra la izquierda y la ideología woke, lo que alimenta las protestas y la confrontación.
Bueno, por algo se hace llamar 'El Tigre'.
Una persona sostiene un cartel durante una manifestación contra el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, el 14 de octubre de 2026 en Bogotá (Colombia).
EFE
Abelardo de la Espriella y la religión
Al parecer, Abelardo de la Espriella se toma muy en serio lo que el pensador francés Pierre Bourdieu opinaba sobre el poder simbólico. Los símbolos, rituales y ceremonias no son elementos vacíos, sino instrumentos invisibles de dominación. De la Espriella no solo busca cambiar las políticas públicas, sino que también intenta redefinir los símbolos mediante los cuales Colombia se interpreta a sí misma.
Por eso, qué más simbólico que empezar su mandato el 7 de agosto en una ceremonia con fuerte impronta católica y evangélica (¿Jair Bolsonaro, eres tú?), lo que generó un intenso debate político y jurídico porque iba en contra del principio constitucional de Estado laico colombiano.
Desde entonces, la expresión "¡Viva Cristo Rey!" forma parte de sus discursos. De la Espriella intenta asociar su proyecto con una idea de restauración moral y comunica desde su púlpito particular qué valores deberían definir a Colombia.
Batalla contra el terrorismo y el pasado
Si así empezó, no es de extrañar que Abelardo de la Espriella haya ordenado sacar del Museo Nacional todas las referencias al excomandante del M-19 y candidato presidencial Carlos Pizarro Leongómez, asesinado en plena campaña. La justificación está en que el Estado no debe presentar como próceres a figuras vinculadas con la insurgencia.
En este caso, no se trata solo de retirar una fotografía o un objeto de una exposición. La discusión, más bien, gira en torno a quién merece formar parte de la memoria oficial de Colombia.
De las salas 7 ("Memoria y Nación") y 11 ("Hacer sociedad"), se desmontaron decenas de objetos sobre la comunidad LGBTIQ+ (bandera del orgullo, revistas históricas y fotografías de marchas), retratos de movimientos de mujeres y feministas, elementos relacionados con el conflicto armado reciente, víctimas de la violencia y el Acuerdo de Paz de 2016 (como el bolígrafo usado para la firma) y referencias a los candidatos presidenciales asesinados entre 1987 y 1990, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro.
Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia (centro), charla en el buque ARC-Isaac Bechara junto a un grupo de oficiales y el ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora (der.), durante su visita del 18 de octubre de 2026 en San Andrés (Colombia).
EFE
La vis militar de 'El Tigre'
El otro componente simbólico que complementa la narrativa de Abelardo de la Espriella es el militar. 'El Tigre' se pasó la campaña exhibiendo el saludo de los soldados y su investidura presidencial se realizó en un lugar castrense, para transmitir que piensa ejercer el poder con disciplina, jerarquía y capacidad de imponer orden.
En octubre, el Gobierno modificó los protocolos policiales para dar a los agentes mayor margen de actuación ante protestas que incluyan vandalismo o bloqueos de servicios esenciales. Las nuevas reglas hacen opcionales el diálogo y la mediación en determinadas circunstancias, un cambio que ha provocado críticas de organizaciones sociales y sectores de la oposición por el riesgo de abusos.
A esto se agrega la orden de una "ofensiva total" contra la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y que se apresta a definir vía decreto las fronteras de Colombia, una clara afrenta a Nicaragua.
Todo esto, y algunas cosas más, empiezan a crispar los ánimos en Colombia porque, al atacar lo simbólico, Abelardo de la Espriella ha puesto a discutir a los colombianos sobre qué figuras merecen reconocimiento, qué valores se presentan como nacionales, qué formas de protesta se consideran legítimas y qué relaciones internacionales expresan la identidad del país.
En definitiva, se discute si Abelardo de la Espriella, pese a que posee la legitimidad de las urnas, tiene la venia para definir qué representa a Colombia y "destripar" a la izquierda a su antojo.