El crecimiento proyectado depende, en parte, de decisiones que todavía están por tomarse.
El crecimiento proyectado depende, en parte, de decisiones que todavía están por tomarse.
La estabilidad económica y el crecimiento no dependen únicamente de los recursos disponibles, las inversiones o exportaciones. Dependen también de las expectativas que tienen las personas y las empresas sobre el futuro y de la confianza que tienen en quienes toman las decisiones de política económica.
La semana pasada, Robert Hall y Michael Woodford ganaron el Premio Nobel de Economía de este año. La Real Academia Sueca de Ciencias les otorgó el premio por su investigación sobre los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica. Es decir, cómo las decisiones individuales, tanto de las personas como de las empresas, inciden en variables como el crecimiento del PIB, la inflación y el empleo.
Otra noticia económica relevante de estas semanas fue la revisión de las proyecciones de crecimiento económico de Ecuador. El Banco Central del Ecuador elevó su previsión de crecimiento de 1.8% a 2.7%, mientras que el Fondo Monetario Internacional revisó la suya de 2% a 2.5%. Estas revisiones reflejan una perspectiva más favorable para la economía a pesar de los riesgos que enfrenta el país. El ajuste a las previsiones se sustenta principalmente en el comportamiento del consumo de los hogares, la inversión, el crecimiento del sector de la construcción, el incremento de las reservas internacionales, la apertura de mercados financieros internacionales y el incremento de las exportaciones, principalmente las no petroleras.
Por otro lado, estas semanas han estado marcadas por la incertidumbre sobre los posibles efectos del fenómeno de El Niño y la posibilidad de nuevos cortes de energía eléctrica. Estos dos factores han generado interrogantes sobre si la economía realmente presentará un crecimiento mayor al inicialmente estimado, sobre las políticas gubernamentales para enfrentar los efectos negativos de estos eventos, sobre la eficacia de las medidas anunciadas y, sobre todo, sobre la confianza que estas generan. Con estos antecedentes, podría parecer contradictorio que las proyecciones de crecimiento hayan mejorado.
Aquí es donde las expectativas adquieren una importancia fundamental. Tanto las familias como las empresas deciden cuánto consumir, ahorrar, invertir o endeudarse. Estas decisiones no dependen solo de la situación actual sino también de lo que cada uno espera que ocurra en el futuro.
En este sentido, la confianza constituye un activo económico. Las autoridades y los líderes contribuyen a generarla cuando informan con transparencia, adoptan medidas coherentes con su discurso y demuestran tener la capacidad de cumplir los compromisos.
Una proyección de crecimiento más optimista puede ser una señal favorable, pero no sustituye la confianza. Esta se construye cuando las expectativas encuentran respaldo en resultados, cuando las políticas públicas son consistentes y cuando los ciudadanos y las empresas pueden planificar con mayor certeza. En una economía expuesta a riesgos climáticos, energéticos y fiscales, la confianza no es un elemento accesorio: es una condición que influye en las decisiones de consumo, inversión y empleo.